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La Iglesia en Cataluña cambia de discurso y se desmarca del separatismo

Los obispos de Gerona y Tarragona cuestionan el procés y reconocen que el independentismo ha provocado una fractura social.

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Los obispos de Gerona y Tarragona cuestionan el procés y reconocen que el independentismo ha provocado una fractura social.
El cardenal Juan José Omella en una imagen de archivo. | EFE

Los obispos catalanes han roto con el nacionalismo. La exigencia de adhesiones inquebrantables por parte de Carles Puigdemont y Oriol Junqueras ha gripado la conexión entre la curia catalana y los partidos y organizaciones independentistas. Las arremetidas de Puigdemont y Quim Torra contra el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, han sido la gota que ha colmado la paciencia de los prelados de Cataluña.

Los intentos de mediación del cardenal y ahora presidente de la Conferencia Episcopal Española fueron despreciados por Puigdemont y para acabarlo de rematar, Torra acusó a Omella de no haber condenado la supuesta violencia policial durante el 1-O. Tanta animadversión tenía un telón de fondo. Los obispos han empezado a recular y del apoyo indisimulado a los planes separatistas han pasado a mensajes que denotan una cierta equidistancia. Según destaca Germinans Germinabit, un digital católico no nacionalista, se está produciendo un "repliegue" que ejemplifica con el cambio de retórica de los obispos de Gerona, Francesc Pardo, y de Tarragona, Joan Planellas.

El primero, Pardo, defendía el año pasado y de cara a la Diada regional de Cataluña el supuesto "derecho a decidir", gran mantra nacionalista, en estos términos: "Hace falta siempre el discernimiento, la información, el racionamiento y la posibilidad de decidir, aunque esto signifique plantearse cambiar o profundizar leyes fundamentales". Para la "diada" de este año ha modificado por completo el registro y ha emitido una glosa en la que asegura: "La experiencia vivida, las decisiones políticas -más o menos acertadas-, la responsabilidad manifestada por la mayoría de ciudadanos, la diversidad de opiniones sobre la configuración del país, la valoración de los resultados, nos piden también una revisión en profundidad del procés, pensando en el bien común para la mayoría de los ciudadanos".

Más sorprendente aún resulta el viraje de Planellas, que de párroco separatista de Jofre con estelada en el campanario fue ascendido a arzobispo de Tarragona. El mitrado fue invitado a la Universidad Catalana de Verano, un foro independentista que se celebra en la localidad francesa de Prada de Conflent. Se esperaba una tronante intervención a favor de la república catalana, pero Planellas optó por una intervención conciliadora, extraña en aquel marco, y en la que certificó la existencia de una "fractura social" que el separatismo siempre ha negado.

Defensa de Omella

Días después, en la última carta dominical, el obispo de Tarragona salía sin titubeos en defensa de Omella y escribía: "En relación a los hechos del otoño de 2017, querría subrayar el coraje del cardenal Omella que se mantuvo en todo momento en la autonomía y la neutralidad que ha de perseguir la Iglesia. Ha habido palabras inquietantes por parte de dirigentes políticos contra la persona del cardenal, insinuando que no se había implicado suficientemente en la situación. Debo decir que el cardenal, con espíritu constructivo se puso a disposición de unos y otros para hallar una solución conjunta".

Planellas también recordaba unas palabras de Torras i Bages en las que el obispo argüía que "la Iglesia no puede ser una extensión del poder público" y "no se puede atar a esta o a aquella corriente política que exista hoy en el catalanismo".

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