
El expresidente del Gobierno, Felipe González, ha vuelto a marcar distancias con la gestión del actual Ejecutivo, esta vez poniendo el foco en el creciente caos ferroviario que asola la red española. Tras los recientes accidentes de Adamuz y Gelida, González ha calificado la dirección de los últimos años como "manifiestamente mejorable", lanzando un dardo directo a la cúpula del Ministerio de Transportes que dirige Óscar Puente.
Con su habitual tono mordaz, el exdirigente socialista ha denunciado la purga de perfiles técnicos en favor de los políticos: "Los que han dimitido son la gente que sabe cómo funciona esto", ha lamentado, señalando que mientras los expertos abandonan sus puestos en el "segundo nivel", permanecen en el cargo aquellos que carecen de conocimientos técnicos sobre el sistema.
González, que participó en el XVI Congreso EM+FI de la Fundación Caja Rural de Segovia, utilizó la situación crítica de Rodalies en Cataluña para ilustrar el deterioro del servicio. Según el expresidente, la salida de los técnicos competentes solo agrava el problema: "Si los que saben no lo han evitado, mejor que se vayan para que los que no saben sigan", zanjó con ironía, evidenciando el descontrol en la gestión de las infraestructuras estratégicas.
Aviso sobre la regularización de inmigrantes
El expresidente también entró en el debate sobre la regularización masiva de inmigrantes ilegales pactada por Pedro Sánchez con Podemos, un tema que genera fricciones en el seno del arco parlamentario. Aunque no se opuso de plano, González fue tajante al exigir "rigor" y un proceso parlamentario serio que fije criterios claros.
Pidió un pacto que incluya a "todos" los actores políticos, mientras advertía de que la medida no debe crear un problema "a los demás europeos o con la Unión Europea". "Hay que hacerlo bien", sentenció, en lo que se interpreta como un aviso ante la improvisación que el sector crítico reprocha al Gobierno de Pedro Sánchez en materia migratoria.
