
El presidente de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Oriol Junqueras, es un dirigente político inseguro, capaz de cambiar de opinión varias veces en una misma reunión. Ha hecho de la desconfianza su principal herramienta política y de los socialistas recela más que de Carles Puigdemont. De ahí que tras prácticamente dar por cerrados los presupuestos autonómicos de Salvador Illa con la creación de un "Consorcio de Inversiones" (otro chiringuito para comprobar el cumplimiento de las promesas presupuestarias) haya pasado a plantarse con un rotundo "no".
La excusa es la que ya hace meses impide que ERC y el PSC se sienten a negociar, la cesión íntegra del IRPF. Fue una condición para la investidura de Salvador Illa cuyo cumplimiento se está retrasando por las protestas de los inspectores de Hacienda, las dudas del Gobierno de Pedro Sánchez y las dificultades logísticas. En la actualidad, la Agencia Tributaria Catalana cuenta con ochocientos funcionarios pero necesita más de cuatro mil (que son los que tiene la Agencia Tributaria del Estado en Cataluña) para asumir la gestión y recaudación del tributo.
Otro factor que dificulta sobremanera el cumplimiento de esa promesa es que quien debería "dinamizar" el traspaso es la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que está en la rampa de salida para encabezar la candidatura socialista en las autonómicas andaluzas. Cumplir con lo pactado con ERC supondría el lastre definitivo para Montero y podría implicar una derrota socialista de mayor calado que las recientes de Extremadura y Aragón en lo que tradicionalmente fue su granero de votos.
Illa, con la miel en los labios
En estas condiciones, Pedro Sánchez habría optado por aparcar las exigencias de Junqueras, lo que de rebote supone frustrar los presupuestos de Salvador Illa, quien tras su reincorporación al cargo ya paladeaba un triunfo tras prometer a los Comunes una ley para restringir el acceso a la compra de viviendas a los grandes tenedores en las zonas tensionadas y a la Esquerra el antedicho "Consorcio de Inversiones".
En las negociaciones y contactos han salido a relucir los rasgos más característicos de Junqueras, sus largos silencios, sus repentinos cambios de parecer y de humor, las dudas constantes y una inseguridad permanente. Todo aquello que durante los meses previos al golpe de Estado sacaba de quicio a Puigdemont. Y es que Junqueras no se fía de nadie y todo el mundo dice a su vez que no es de fiar, que su palabra es relativa y que no es extraño que diga una cosa, amague con otra y se guarde una tercera opción, como ha sido el caso de los presupuestos catalanes.
"No se dan las condiciones"
Ahora se escuda en que Pedro Sánchez no está cumpliendo, "que no se dan las condiciones necesarias para una negociación presupuestaria" y que "para que se den esas condiciones el PSC debe convencer al PSOE de que cumpla sus compromisos con el IRPF, su recaudación y gestión". "Es muy sencillo", ha concluido en una alocución ante la cúpula de su partido este sábado. Junqueras insiste en que "no hay suficientes garantías" por parte del Estado y que "las palabras tienen que ir acompañadas de gestos y decisiones".
El trato preferente que le otorga Pedro Sánchez, que negocia y recibe en la Moncloa a un dirigente golpista inhabilitado, ya no es suficiente. Junqueras quiere pruebas mientras mira de reojo los movimientos de gran rival en Cataluña, Carles Puigdemont. De hecho, Junqueras imita la estrategia de Puigdemont, aunque a la vista de las encuestas, las amenazas y chantajes del vecino de Waterloo son más bien contraproducentes y favorecen el auge de la ultraseparatista Sílvia Orriols.
Las concesiones del PSC
No obstante, en política catalana todo es posible, incluso un acuerdo para que Illa logre su propósito de aprobar unos presupuestos en este primer trimestre del año. Tras su ausencia por la osteomielitis púbica que le tuvo de baja desde el 17 de enero y hasta el pasado lunes, el dirigente socialista despliega una intensa agenda de entrevistas, reuniones y anuncios y se muestra dispuesto a satisfacer a los separatistas en todo, incluso en aquello que no le han pedido, como la enmienda para obligar a los inmigrantes que regularice Sánchez a demostrar que han aprendido o están aprendiendo catalán en la primera renovación del permiso de residencia.

