El flotador de Schengen
Reconocer que la frontera de la Unión Europea es un chiste de Eugenio gracias al tráfico aéreo comercial arruinaría el teatrillo de Bruselas.
Ahí los tienen, varias docenas de ministros de la Unión reunidos de urgencia por el asalto a una frontera de broma, esa de Ceuta, la misma que ahora custodia el flamante flotador hinchable de medio kilómetro e inequívoca estampa de juguete náutico comprado en las rebajas de Temu. Otro teatrillo de eurócratas que fingen rasgarse las vestiduras, mientras llevan lustros sin preguntarse cómo fue posible que cientos de miles de indigentes oriundos del tercer mundo pudieran acceder a suelo europeo no atravesando océanos a nado y con una bicicleta a sus espaldas, sino bajándose de un avión en el interior del espacio Schengen.
¿O acaso ignoran que la inmensa mayoría de la inmigración ilegal no arriba en pateras de goma bajo el foco de los telediarios? La estampa chusca del salchichón flotante de Ceuta es tan solo el decorado de feria llamado a avalar la coartada de ministerios y oenegés. Solo eso. La realidad, terca y prosaica, aterriza todos los días del año, con rigurosa puntualidad y billete en clase turista, en los aeropuertos de Barajas y El Prat. Desembarcan por la escalerilla, con su visado de turista o de estudiante ful de Estambul, ante la abúlica indiferencia de unos controles migratorios convertidos en estatuas de sal administrativas. Basta consultar las propias estadísticas de Interior para comprobarlo: la mayoría de los extranjeros en situación irregular no cruzó jamás el Estrecho, sino que simplemente dejó caducar un visado turístico tras aterrizar como cualquier viajero de negocios en Europa occidental.
Y así, año tras año, el coladero se perpetúa sin que nadie mueva un dedo para impedirlo. Pero claro, reconocer que la frontera de la Unión Europea es un chiste de Eugenio gracias al tráfico aéreo comercial arruinaría el teatrillo. Resulta más rentable escenificar emergencias playeras para justificar presupuestos multimillonarios, discursos de conmiseración barata y cumbres que se saldan en nada.
Mientras los focos apuntan a Ceuta y a su ridículo flotador, la marabunta migratoria real y silenciosa accede por las puertas de embarque de Madrid y Barcelona. Pero de eso, ay, no se quiere hablar en Bruselas.
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