Colabora
EDITORIAL

El inquietante desprecio de Sánchez a la ayuda de la UE

La Comisión aguarda la petición de una ayuda que serviría para atajar la crisis que dura ya demasiado. Mientras tanto, Sánchez hace el don Tancredo en La Mareta.

Pedro Sánchez debe responder a numerosas incógnitas sobre la invasión a Ceuta de los pasados 30 y 31 de julio. Las principales, aunque hay muchas más, son: por qué ignoró todas las alertas que adelantaban la avalancha, por qué ha desaparecido en La Mareta ante el ataque más grave a la soberanía española desde ETA y por qué no ha solicitado apoyo a la Unión Europea para reforzar la frontera. En una misma semana uno de los portavoces de la Comisión Europea ha afirmado dos veces que España no ha formalizado la petición de ayuda. Una ayuda que incluye fondos económicos y el refuerzo de Frontex.

No cabe duda de que la situación en Ceuta es insostenible, tanto para los ceutíes como para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Tampoco es sostenible para los miles de inmigrantes que se hallan en las playas, las calles y los montes en condiciones insalubres y sembrando caos y miedo. Hemos visto casos de sarna en militares, ranchos míseros y desesperación. Desde la Comisión Europea lo saben y han sido muy claros en dos cuestiones. La primera es que todos los inmigrantes que entraron en la invasión deben regresar, menores incluidos. Lo segundo es que hay una ayuda esperando a que Pedro Sánchez mueva ficha. Sin embargo, además de desaparecido, Sánchez hace el don Tancredo ante las consecuencias del ariete que acaba de golpear una de las puertas de España.

Hemos contemplado las maniobras de distracción del Gobierno al atacar a Italia, o al presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas. Todo para escurrir el bulto ante un vecino que parece tener la sartén por el mango. Con todo, los refuerzos de efectivos de militares, Policía Nacional y Guardia Civil se han demostrado insuficientes. Y es que España no solo cuenta con sus propios medios, sino que, por fortuna, puede recurrir a los mecanismos de la UE. Porque, recordemos, Ceuta y Melilla, además de ser españolas, forman parte de la Unión. Y desde Bruselas lo reiteran con insistencia. ¿Por qué no ha actuado con rapidez?, ¿a qué espera? Con toda seguridad no lo sabremos. Y si actúa, a estas alturas, ya será tarde. Evitar el enfado de Marruecos no es una excusa. Que se desprecie la ayuda que puede proporcionar la Unión Europea es, cuando menos, inquietante. Estamos en la obligación de preguntar por las causas de un silencio que deja sola a España.

Mientras tanto, una vez más, la realidad desmonta al Gobierno. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, prometió que ningún inmigrante ilegal "que entre o pretenda entrar se va a quedar en Ceuta ni va a ir a la Península". Pero lo hacen y lo están haciendo. Tal y como se ha publicado en Libertad Digital, las mafias están transportando inmigrantes de Ceuta a la Península. La Policía Nacional ha desarticulado dos organizaciones que transportaban inmigrantes por un precio de 9.000 por persona. Por tanto, Frontex es más necesaria que nunca, como también lo es la ayuda económica que mejorar los recursos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Aunque en Bruselas mantengan sus escrúpulos diplomáticos queda claro que la alarma en los Veintisiete crece cada día que pasa y no hay respuestas desde Moncloa; es decir, desde La Mareta. Esto no es un si quieren ayuda que la pidan; al contrario: es un recordatorio de que España puede aspirar a atajar con más medios, y mejor, un episodio crítico de su historia.

Temas

Ver los comentarios Ocultar los comentarios

Portada

Suscríbete a nuestro boletín diario