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El gobierno de Valencia: una combinación casi imposible

Las elecciones del pasado 24 de mayo han dibujado un rompecabezas electoral en el que formar gobierno es casi imposible en la Comunidad Valenciana.

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El PP fue el partido más votado en las pasadas elecciones autonómicas en la Comunidad Valenciana, pero quedó a todo un mundo de la mayoría absoluta: sólo obtuvo 31 de los 50 diputados necesarios. El PSOE de Ximo Puig, que también perdió votos y escaños, está aún más lejos, 23 –ni siquiera la mitad-, mientras que Compromís se quedó en 19, un gran resultado ya que logró triplicar lo obtenido en 2011, pero también insuficiente para configurar mayorías claras.

Para complicar más el asunto, los dos nuevos partidos en la cámara regional valenciana, Ciudadanos y Podemos, han logrado idéntico número de escaños: 13.

Este resultado ha supuesto un rompecabezas electoral en el que resulta difícil aventurar quién va a formar gobierno. La primera opción obvia era un tripartito más bien escalofriante: la suma de PSOE, Compromís y Podemos supone 55 escaños, una mayoría holgada si no fuese porque la fórmula se ha demostrado inestable en otras ocasiones.

Además, el empecinamiento de Mónica Oltra en ser la presidenta, pese a haber sido la tercera fuerza más votada y tener cuatro escaños menos que el PSOE, ha supuesto que la franquicia regional de los socialistas haya roto las negociaciones este martes.

Ningún partido se ha planteado en ningún caso apoyar a un PP que ha dejado un impresionante reguero de casos de corrupción en Valencia, pero algunas opciones sí pasarían por la abstención de los populares: es lo que habría planteado Ciudadanos para apoyar una investidura de Ximo Puig. La suma de PSOE y C’s daría sólo 36 escaños, muy lejos de la mayoría, pero suficiente para llegar a la presidencia siempre que los 31 diputados del PP no votasen en contra. En ese escenario, los 32 escaños de Compromís y Podemos no podrían evitar quedarse fuera del gobierno, pero siempre serían más que los populares, por lo que resulta impensable un gobierno de Alberto Fabra en minoría.

La tercera posibilidad sobre la mesa sería una nueva llamada a las urnas tal y como es preceptivo si nadie logra formar gobierno, algo que la mayor parte de los partidos preferiría evitar pero que, si no cambian las cosas, podría ser inevitable.

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