
Tras dos batacazos electorales consecutivos, el PSOE afronta la cita del 15 de marzo en Castilla y León en un clima de evidente inquietud interna. En el partido atribuyen los malos resultados a la "pereza" del electorado socialista en comicios autonómicos, aunque aseguran que ese comportamiento no se repetirá en unas generales con Pedro Sánchez como candidato. Sin embargo, rehúyen atribuir los fracasos electorales a un posible desgaste tras casi ocho años al frente del Gobierno y tampoco logran ofrecer una explicación sobre su incapacidad para movilizar a su propio electorado.
En este contexto, Sánchez se implicará directamente en la campaña autonómica y arropará a su candidato en Castilla y León, Carlos Martínez, en un acto este domingo en Ponferrada. Una estrategia similar a la que ya desplegó en Extremadura junto a Miguel Ángel Gallardo, entonces líder regional socialista, acusado de tráfico de influencias y prevaricación por su presunta participación en la creación de una plaza pública en la Diputación de Badajoz que acabó ocupando David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno.
Martínez, que reclamó "autocrítica" tras los últimos resultados en Aragón, donde la exministra portavoz Pilar Alegría, la primera en poner a prueba la estrategia de Moncloa de utilizar el Consejo de Ministros como impulso electoral, igualó el peor resultado del PSOE en la región, aspira ahora a centrar el debate exclusivamente en cuestiones autonómicas y evitar que la campaña se contamine con asuntos de ámbito nacional, más aún en plena polémica por el escándalo de violación a una subordinada que salpica al exDAO.
Además, Martínez propuso que sea la lista más votada la que gobierne en Castilla y León. "Nosotros estamos dispuestos a que la lista más votada asuma la responsabilidad ejecutiva de la comunidad autónoma. Y, a partir de ahí, de la responsabilidad y la lealtad institucional, si nos toca a nosotros estar en la oposición por voluntad de la ciudadanía, arroparemos y respaldaremos. Y si les toca a ellos, en alusión al PP, esperamos un sentido recíproco", explicó el candidato socialista en un desayuno informativo, en un contexto marcado por las negociaciones en Extremadura entre PP y Vox y ante el rechazo tajante de Ferraz a facilitar su abstención.
La paradoja está en el propio discurso del PSOE porque mientras la dirección asegura que el partido puede convertirse en la primera fuerza política de la comunidad, reconoce al mismo tiempo que la formación de Santiago Abascal podría arrasar. Una dualidad que refleja tanto la ambición como la preocupación con la que los socialistas afrontan la contienda electoral en Castilla y León. Señalan que el candidato de Vox es "fuerte" y que jugarán la carta de ser oposición para consolidar a su electorado de cara a las generales de 2027. "Su electorado no les penaliza por ser irresponsable y no entrar en Gobiernos", deslizan fuentes cercanas al presidente del Gobierno, en referencia a las negociaciones en Extremadura.
En Ferraz aún no han detallado qué ministros acudirán para arropar a su candidato en Castilla y León, pero ya hay quienes se han bajado de la carrera, citando tanto los conflictos internos del partido como los problemas acumulados en sus respectivas carteras ministeriales. Es el caso de Óscar Puente, ministro de Transportes y exalcalde de Valladolid, que en principio no participará en actos en León ni en Burgos.
"Está continuamente con afrentas y desprecio a los leoneses", criticó el alcalde de León y compañero socialista José Antonio Díez. La histórica rivalidad entre municipios y la percepción de trato desigual complican la participación del Ministerio de Transportes en la campaña.

