PP y Vox asumen las negociaciones autonómicas desde una perspectiva nacional, lo que avanza qué puede ocurrir después de las generales si, como avanzan las encuestas, deben ponerse de acuerdo para gobernar. La tensión, por tanto, se percibe ahora entre las direcciones nacionales de ambos partidos, que empezaron con un primer contacto "cordial" cuando Feijóo y Abascal hablaron por teléfono una hora el domingo, pero ha derivado en un nuevo cruce de reproches. Los ciudadanos, mientras, esperan a poder tener gobierno en Extremadura y Aragón.
Las negociaciones entre el Partido Popular y Vox a nivel autonómico han experimentado un giro drástico tras la intervención directa de Génova. La cúpula nacional del partido ha decidido tomar las riendas ante el bloqueo persistente en Extremadura, donde la postura de María Guardiola hacía temer una repetición electoral inminente. Esta situación ha trasladado la tensión regional al tablero nacional, reavivando los enfrentamientos dialécticos entre ambas formaciones en un momento crítico para la política española.
El equipo de Alberto Núñez Feijóo presentó un decálogo de medidas básicas que deben regir cualquier contacto o acuerdo futuro. Este documento, que exige el respeto absoluto a la Constitución Española y a las instituciones, ha sido calificado por Santiago Abascal como ofensivo. Resulta llamativo que la formación de Abascal se sienta interpelada por la exigencia de cumplir la legalidad vigente, especialmente tras haber solicitado previamente al Rey que incumpliera sus funciones constitucionales no firmando la ley de amnistía.
Desde el Partido Popular se defiende que estas propuestas son meramente un marco de lealtad institucional necesario para cualquier pacto de gobierno. No obstante, este cruce de reproches se entiende como el preludio de lo que ocurrirá tras las próximas elecciones generales. Según reflejan diversas encuestas publicadas en medios como El Mundo, el entendimiento entre ambos partidos será inevitable si se pretende desalojar a la izquierda del poder, lo que obliga a establecer unas reglas del juego claras desde ahora.
Feijóo ha matizado recientemente su compromiso de no gobernar con Vox, una promesa que formuló durante el congreso del partido el pasado mes de julio. Ahora, el líder popular ha supeditado cualquier decisión al veredicto de las urnas, delegando en los ciudadanos la responsabilidad de definir la fuerza de cada formación. Portavoces como Miguel Tellado y Esther Muñoz han reforzado este mensaje, señalando que las negociaciones autonómicas actuales servirán de base para el futuro modelo de gobernabilidad nacional.



