
Hace un par de meses se fue vivir a Trujillo, provincia de Cáceres. Julio Romero es de Vista Alegre, un barrio de Carabanchel Bajo. Nació madrileño. Es joven. Le salió un trabajo de técnico de producción en una empresa de vanguardia –D Foundry II, que produjo las primeras obleas de diamante monocristalino–. Antonia, su madre, se reunirá con él en unas semanas. A Julio le dijeron que se apuntara para solicitar un alquiler social. "No tienes nada que perder y así tienes más motivos para quedarte aquí". Eso que llaman "fijar al territorio", como si fueses un alcornoque. Los requisitos eran sencillos: poseer nacionalidad española o residencia legal en España y estar censado en el municipio.
Hace unos días, Julio fue a la Delegación de la Junta para hacer el papeleo. Le preguntaron si tenía "un arraigo real, duradero y verificable con el territorio". "Bueno, yo soy madrileño. Llevo poco más de un mes. Pero tengo ganas de arraigarme y además mi padre tenía mucho respeto por Rodríguez Ibarra (El Bellotari)", contestó. "Lo sentimos, pero según las nuevas directrices inspiradas en el principio de prioridad nacional, usted no cumple con la "exigencia de arraigo real y prolongado, basado en empadronamiento histórico en Extremadura (mínimo de 10 años para compra y 5 años para alquiler)". Julio se fue confundido y me escribió a mi consultorio para casos absurdos contándome el suyo. "En Cataluña, el idioma; aquí el arraigo. ¿Somos ciudadanos libres e iguales de una nación o 17 tribus?". Cualquier parecido de esta historia con la realidad es coincidencia. En el año 2024, según los datos de Migración interior del INE, 8.577 españoles cambiaron su residencia a Extremadura.
También me comentó su caso Amina Dagomba, una mujer nacida hace 43 años en los suburbios de Acra, la capital de Ghana. Llegó muy joven a Castelldefels. Ella está super arraigada con el territorio catalán. Además es del Barsa. Por circunstancias de la vida, Amina ahora vive en Monzalbarba, un barrio de Zaragoza a orillas del Ebro. También hizo las gestiones como solicitante de vivienda social. Se inscribió sin problemas porque el PP y Vox, al copia y pega del texto acordado por sus colegas extremeños, le añadieron 'España' y asunto resuelto. Queda así: "Exigencia de arraigo real y prolongado, basado en empadronamiento histórico en Aragón y España (mínimo de 10 años para compra y 5 años para alquiler)". Como Castelldefels todavía es territorio español y ella pasó medía vida censada allí, cumple con "la prioridad nacional" aragonesa, aunque acaba de llegar y de arraigo poco. Está en ello. Según me dice, le gusta mucho ver los programas de jotas en la tele.
La consejera portavoz extremeña, Elena Manzano, insiste en que aquí "no se va a priorizar a nadie, sino a valorar la vinculación territorial y el arraigo". Cristalizará en adoquín, como dice Federico. Y así, entre tontería y tontería, pasamos el rato y el tema se olvidará. Salvo para Julio, que seguirá siendo un madrileño en Trujillo en vías de arraigamiento.
La jurisprudencia del Tribunal Supremo (Sala Tercera) y la labor de los Tribunales Superiores de Justicia han venido conformando una doctrina judicial cuyos aspectos más destacados, según el estudio de Pedro Carbajal (Lex Nova, 29, 1/2012), son: "El arraigo se define como el vínculo que une al ciudadano extranjero con el lugar en que reside; el vínculo puede ser de distinta naturaleza: de tipo económico, social, familiar, laboral, académico o de otro tipo; el vínculo ha de ser relevante para apreciar el interés del solicitante en residir en el país, de tal forma que resulte prevalente para la concesión del permiso de residencia solicitado". El arraigo es un mecanismo jurídico que permite a extranjeros en situación irregular obtener la residencia temporal por circunstancias excepcionales. Nada que ver con esa exigencia a personas que llevan años residiendo legalmente en España. ¿Es solo un intento de recuperar protagonismo por parte de Vox? ¿De hacer pinza con Sánchez contra el PP? ¿De fastidiar al personal? Puede ser, pero si le añadimos este propósito también acordado –"la necesidad de protegernos ante injerencias extranjeras que pueden diluir nuestra identidad, usos y costumbres–, admite otra lectura. Más preocupante.
Bailar como un maketo es hacerlo abrazado asquerosamente a la pareja. "Al norte de Marruecos hay un pueblo cuyos bailes peculiares son indecentes hasta la fetidez; y que al norte de este segundo pueblo hay otro cuyas danzas nacionales son honestas y decorosas hasta la perfección". Es sabido el desprecio a los usos y costumbres de los españoles del racista Sabino Arana. El texto forma parte del artículo Efectos de la invasión, publicado en Baserritarra número 11, julio de 1897. También escupió sobre nuestra identidad: "Interrogad al bizkaino qué es lo que quiere, y os dirá trabajo el día laborable e iglesia y tamboril el día festivo; haced lo mismo con los españoles y os contestarán pan y toros un día y otro también. El bizkaino es digno, el español es bajo hasta el colmo. Contad si podéis los millares de mendigos de profesión que hay en España y sumadlos con los que anualmente nos envía a Euskeria." (¿Qué somos? Bizkaitarra, junio-julio de 1895).
Continua el ideólogo de los terroristas de la banda ETA: "Por último, según la estadística, el noventa por ciento de los crímenes que perpetran en Bizkaya se deben a mano española, y de cuatro de los cinco restantes son autores bizkainos españolizados". Ayer: España nos envía delincuentes. Hoy es Marruecos. Ayer: Los criminales son españoles. Hoy son los emigrantes. Ayer, Sabino Arana lo escribía; hoy los dirigentes de extrema derecha lo insinúan y las redes sociales reparten la carnaza. Y Feijóo arraiga en la nada.
