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Así destruyó la discriminación "positiva" a una generación entera de hombres blancos

El guionista Jacob Savage sostiene que las políticas de diversidad han cerrado las puertas a toda una generación "perdida" de jóvenes blancos

Hace unos días salió a la luz un artículo en la revista Compact que ha tenido un enorme impacto en el debate público en Estados Unidos. Se titula "la generación perdida" y lo firma Jacob Savage, un guionista que, como tantos otros millennials blancos, vio cómo sus sueños profesionales se evaporaban no por falta de talento, sino por un cambio radical en las reglas del juego: la institucionalización masiva de las políticas de diversidad, equidad e inclusión, o DEI por sus siglas en inglés, a partir del año 2014 aproximadamente.

Una generación fuera del sistema

Su tesis central es demoledora: durante la última década, las élites culturales –medios de comunicación, academia, Hollywood, editoriales– han aplicado de forma deliberada cuotas y preferencias que han cerrado las puertas a los hombres blancos de la generación millennial: los nacidos entre 1981 y 1996 más o menos. No a los boomers ni a los de la Generación X que ya estaban consolidados en los puestos de poder, sino precisamente a los jóvenes que intentaban entrar en el mercado en sus veinte o primeros treinta. Los datos que aporta Savage son abrumadores: en las salas de guionistas de televisión, los hombres blancos pasaron de representar el 48% en 2011 a solo el 12% en 2024; en las contrataciones para puestos permanentes en departamentos de humanidades en Harvard, del 39% en 2014 al 18% en 2023; en publicaciones como Vox, el staff pasó de ser un 82% masculino y 88% blanco en 2013 a 37% masculino y 59% blanco una década después, ocupando las mujeres un 73% de los puestos directivos.

El éxito de la pieza está en que el autor no sólo documenta con números; también cuenta historias reales, la suya propia incluida. Él y un amigo estuvieron a punto de entrar en una serie en 2016, pero les dijeron claramente que no podían tener una sala de guionistas formada solo por hombres blancos. Otros testimonios: periodistas que aplican a decenas de puestos y siempre pierden frente a candidatas mujeres o de minorías, aunque tengan mejores credenciales; académicos que llegan a las rondas finales pero son descartados porque el departamento necesita "diversidad". Eso sí, los veteranos blancos que ya estaban establecidos en las instituciones no sufrieron las consecuencias; al contrario, subieron la escalera y luego la quitaron para impedir a quienes venían detrás que siguieran sus pasos. Como había que cambiar los números y los puestos sénior ya estaban cogidos, lo que se eliminó fueron las oportunidades para dar los primeros pasos: editoriales que tiran directamente a la basura y sin leer los manuscritos de hombres blancos, equipos de guionistas de talento menguante pero muchas ganas de imponer el pensamiento único, redacciones que han pasado a tener a los hombres blancos como si fueran una especie protegida, pero sin protegerla.

Precariedad y desencanto

El impacto no es solo profesional: Savage describe una generación que acumuló deudas universitarias, retrasó familias, interiorizó que el sistema no los quería y terminó desarrollando un profundo escepticismo hacia un progresismo que les habían vendido como meritocrático. Muchos abandonaron los campos tradicionales y se refugiaron en espacios alternativos como Substack, cripto o podcasts; él mismo alimenta a su familia con la reventa de entradas de conciertos. Y aquí viene lo interesante: el artículo no solo documenta la discriminación, sino que ayuda a explicar por qué tantos jóvenes hombres blancos han girado hacia la derecha en los últimos años.

El final del consenso woke

Jacob Savage ha puesto negro sobre blanco la realidad y el impacto que ha tenido sobre toda una generación las aparentemente inocuas políticas de discriminación positiva a lo largo y ancho de la industria cultural, obligando incluso a los críticos a reconocer que la discriminación abierta que ha sufrido esta "generación perdida" ha alimentado un resentimiento más que justificado. La muerte de la cultura woke ya no les servirá de gran cosa a los millenials, pero quizá pueda evitar que perdamos el talento de las generaciones más jóvenes.

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