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¿Provocará el nuevo terrorismo cambios en el control de armas en Europa?

Apuñalamientos, atropellos y tiroteos se han convertido en los nuevos métodos terroristas que plantean un reto diferente a las sociedades europeas.

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Apuñalamientos, atropellos y tiroteos se han convertido en los nuevos métodos terroristas que plantean un reto diferente a las sociedades europeas.
Policías en el escenario del atentado de Berlín el diciembre pasado | EFE

El pasado 8 de enero un terrorista palestino arrollaba a un grupo de soldados en Jerusalén asesinando a cuatro personas. Pese a que el conductor intentó maniobrar para matar a más personas no pudo hacerlo: varios disparos, entre ellos los de un civil, se lo impidieron y fue abatido en la propia cabina del camión.

No ocurrió lo mismo en Berlín este diciembre, ni en la Sala Bataclan de París, tal y como denunciaba entre lágrimas el cantante de Eagles of Death Metal en una entrevista en la que decía que "el control de armas no salvó ni una vida en el Bataclan" y explicaba que si alguno de los espectadores del concierto hubiese podido responder a los disparos de los terroristas quizá la historia habría sido diferente.

Y es que mientras hace unos años el terrorismo actuaba sobre todo con bombas o atentando contra objetivos seleccionados previamente siguiendo algún repugnante criterio, la amenaza del nuevo yihadismo toma otras formas –apuñalamientos, tiroteos en las calles o atropellos a grupos de personas- con las que pueden causar muchísimas víctimas y qué, quizá, resultan más difíciles de detectar previamente por los cuerpos de seguridad.

En este nuevo entorno cabe preguntarse, ¿debe Europa cambiar su política sobre la posesión de armas cortas como una forma de prever este nuevo tipo de atentados? Por lo pronto, todo parece indicar que el camino es exactamente el opuesto la UE está proponiendo más restricciones sobre las armas de caza entre las quejas del sector.

Tener un arma corta en España

En España un ciudadano no puede tener un armar corta –una pistola o un revólver- excepto en casos excepcionales: ser vigilante de seguridad cualificado, practicar alguno de los deportes relacionados con el tiro –y en ese caso sólo se puede usar en recintos deportivos o de entrenamiento- o demostrar que se sufre algún tipo de amenaza para la seguridad.

Estas licencias, además, no son renovables: tienen una vigencia de tres años y una vez caducada el proceso es el mismo que si nunca se ha tenido antes y hay que demostrar ese riesgo y, por supuesto, aportar varios certificados: de penales y de antecedentes por violencia de género, además de superar test psicofísicos.

Por supuesto, eso no impide que en España haya muchas armas legales, millones de ellas según un informe de la Guardia Civil del que se hacía eco ABC el año pasado y que cifraba el total en tres millones, la mayoría de las cuales son como era de esperar escopetas de caza.

Esto, por supuesto, no impide que circulen armas ilegales en España, algo que admite la Guardia Civil aunque desde el instituto armado no se dispone de estimaciones ni, obviamente, de datos al respecto del volumen de este mercado negro.

Cuanto más ilegal, más difícil de controlar

Un mercado negro que según algunos expertos se ve favorecido, precisamente, por esas prohibiciones: así nos lo explica Enrique Navarro, consultor independiente y colaborador de Libertad Digital: "Si regulas el mercado de acceso a las armas y estableces normas estás poniendo barreras al mercado negro".

Además, y en contra de lo que podríamos denominar la creencia popular, Navarro se muestra convencido de que un mercado regulado pero más libre no tendría que suponer que hubiese más armas: "No por haber un mercado de armas va a haber más armas, habrá menos y más reguladas", asegura, "porque tal y como hemos visto hasta ahora aquí –por Europa- cualquiera tiene un kalashikov y ya sabemos que los delincuentes cuando quieren un arma la consiguen, así que abriendo el mercado no va a haber más delincuencia, pero sí nos daría más seguridad", explica matizando también que se refiere a un mercado regulado y de armas personales, no de armas de asalto.

En cuanto utilidad de que haya más armas en buenas manos, para Navarro está clara: "El terrorista siempre va a tener el temor de encontrarse con alguien que le fastidie, es el efecto que se puede ver en EEUU: allí no hay asaltos en las casas porque el asaltante sabe que las posibilidades de encontrarse a alguien armado son muchas".

Una situación "más excepcional"

No comparte este punto de vista Alberto Pérez, coronel del Ejército y analista de seguridad que en conversación telefónica nos explica que un cambio en este sentido haría que los ciudadanos percibieran "una mayor excepcionalidad en la situación y para generar aún más alarma".

Por otro lado, el coronel Pérez no cree que esto sirviese de mucho para cambiar el comportamiento de los terroristas: "Están tan obsesionados que les da igual, de hecho a pesar del aumento de las medidas de seguridad en todo el mundo no ha dejado de actuar", nos dice, "si están dispuestos a dar la vida y están en ese mundo tan fuera de la realidad lo que hagamos les dará lo mismo, aunque es obvio que cuantas más medidas de seguridad tengamos más difícil se lo pondremos".

Además, nuestro interlocutor cree que un número mayor de armas en las calles podría suponer problemas: "Sobre todo podría haber más accidentes y también gente que las usase para sus propios fines y no precisamente para luchar contra el terrorismo islámico".

"No sólo se trata de tener un arma"

Por su parte, Jesús Pérez Triana, analista de seguridad y defensa y autor del blog Guerras Posmodernas, se muestra un tanto escéptico respecto a que "hacer accesibles las armas a todo el mundo no derive en más armas en manos de los terroristas", aunque reconoce que "se podrá cruzar los datos de los servicios de inteligencia sobre simpatizantes del yihadismo para impedirles comprar un arma".

Admite que podría ser útil la presencia de ciudadanos armados en caso de un ataque terrorista, pero sólo "si se trata de ciudadanos entrenados que se enfrentan a uno o pocos terroristas, porque no sólo se trata de tener un arma, sino de saber manejarla y saber actuar en una situación así".

"De lo contrario –explica Pérez Triana- podríamos tener a gente bien intencionada que en vez de ponerse a salvo intente enfrentarse a los terroristas y termine herido, muerto o causando más víctimas inocentes. Y no olvidemos que en ante varios terroristas con fusiles de asalto, como en el Bataclan, hasta la policía que acudió en el primer momento se vio superado por la potencia de fuego de los terroristas".

En cualquier caso, admite que "podría parar o frenar parcialmente matanzas como la del Bataclán o el club Reina de Estambul, pero complicaría el papel de la policía para responder a ataques terroristas sabiendo que tienen que identificar a toda prisa a buenos y malos en pleno cruce de balas". Si bien es cierto, habría que matizar, que en la mayor parte de las ocasiones la llegada de la Policía se produce cuando ya no hay cruce de balas que valga.

Además, la presencia de más armas en la calle sí podría cambiar los hábitos de los terroristas, en opinión de nuestro interlocutor: "La experiencia enseña que los atentados han ido evolucionando según los gobiernos y las sociedades se van preparando para el último tipo de terrorismo". Así que "si proliferaran las armas en manos de ciudadanos, tendríamos entonces que los terroristas buscarían cometer atentados en los que ese factor no marque la diferencia".

Finalmente, preguntado si una mayor libertad de armas podría generar otros problemas de seguridad, Pérez Triana nos habla de la posibilidad de que "en la psicosis posterior a algún atentado que llevaría a casos en los que la gente usase el arma no habiendo motivo o desproporcionadamente"

¿Y si situación es menos mala de lo que parece?

Saber si a los terroristas les costaría mucho o poco encontrar esa nueva forma de cometer sus crímenes de la que habla Pérez Triana es difícil, pero lo cierto es que aunque probablemente tenemos la sensación de que ocurre lo contrario, los muertos por terrorismo en Europa son muchos menos actualmente de los que eran en los años 70 y 80, y de no ser por algunos atentados concretos -11M en Madrid, Sala Bataclan en París o el de Niza el pasado verano, la curva descendente aún sería más pronunciada. Es decir, las nuevas fórmulas del terrorismo no siempre son más eficaces que las anteriores y, en muchas ocasiones, ocurre lo contrario.

También es cierto que, al mismo tiempo, los muertos por terrorismo en otras partes del mundo sí están aumentado, pero normalmente en países que tienen una situación difícil o prácticamente viven en un conflicto armado como Irak o Siria.

Incluso fuera de Europa encontramos otro ejemplo positivo que de nuevo nos dice que tomar medidas puede funcionar, y se trata de nuevo de un lugar en el que puede que a priori pensemos que ocurre justo lo contrario: Israel. El pequeño estado hebreo es un ejemplo de lucha contra el terrorismo y de la utilidad tanto de una política global de seguridad -con medidas en algunos casos bastante radicales y no exentas de polémica como la valla que separa su territorio de Cisjordania-, y de una presencia importante de armas en las calles.

Aún así no se alcanza la seguridad total, por supuesto, pero sí se reducen tanto los atentados como el número de víctimas de cada uno y, sobre todo, el terrorista sabe que tras su ataque sólo le quedarán dos alternativas: o la cárcel o ser abatido.

La moraleja probablemente es que no hay ninguna medida milagro que acabe con esta lacra y, desde luego, una mayor libertad de armas no iba a serlo, pero a la luz de lo que algunos expertos nos dicen –y de que la realidad innegable es que para los terroristas no es imposible conseguirlas- quizá sí deberíamos, al menos, abrir un debate serio y racional sobre ello.

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