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Los socialistas alemanes no logran deshacerse de Schroeder

El ex canciller se niega a irse del SPD y sus compañeros no han logrado expulsarlo.

El ex canciller se niega a irse del SPD y sus compañeros no han logrado expulsarlo.
El ex canciller alemán Gerhard Schroeder | Europa Press/Archivo

Gerhard Schroeder seguirá perteneciendo al SPD: las peticiones de expulsión presentadas por miembros del partido por sus negocios con Vladimir Putin, al que ha justificado y defendido en múltiples entrevistas, han sido desestimadas por la comisión de arbitraje del SPD en segunda instancia y se ve prácticamente imposible que se logre la marcha del ex canciller alemán por esta vía.

El proceso para sacarlo del partido arrancó este verano: los demandantes debían probar que Schroeder había vulnerado los estatutos del partido y provocado un perjuicio a sabiendas con sus declaraciones y sus lazos con Rusia. Ahora, los responsables de dicho comité señalan que no se puede establecer "con la suficiente certeza" que vulnerara los principios del SPD con sus actividades. "Es muy posible que destacados políticos alemanes hayan minusvalorado el peligro de crear una dependencia energética de Rusia en los últimos 25 años", señala el fallo. Pero en ese error, señalan, cayeron otros políticos del propio SPD y de otros partidos. Castigarlo por ello, afirman, "sería ir demasiado lejos".

La guerra entre Schroeder y su propio partido arrancó poco antes de la invasión rusa con las primeras valoraciones del ex canciller sobre la actuación de Putin, con quien le unen, además de suculentos vínculos económicos, una amistad de la que Schroeder alardea.

El excanciller ha desafiado a los dirigentes del SPD tanto con afirmaciones que iban en contra de la estrategia del Gobierno como con decisiones como acudir por su cuenta a Moscú para negociar con el presidente ruso, a espaldas de Olaf Scholz. Las críticas del partido a su ex líder han ido en aumento pero Schroeder siempre ha rechazado tanto romper con Putin como marcharse, ignorando las peticiones de dimisión que le han llegado de la propia dirección de los socialistas alemanes.

Entre tanto, decidió abandonar su cargo en el gigante energético ruso Rosneft, pero sólo por la amenaza de sanciones europeas, y se quedó sin despacho y secretarios, uno de sus privilegios como ex canciller.

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