¿Es el "general OTAN" Rumen Radev el 'alter ego' búlgaro de Viktor Orbán?
Aunque existen similitudes, las diferencias impiden hablar de Radev como el alter ego del derrotado Orbán.
La etiqueta de 'prorruso' y ser un alter ego del húngaro Viktor Orbán son dos rasgos del perfil de Rumen Radev, que además van de la mano y conviene matizar para evitar malentendidos.
El flamante ganador de las elecciones en Bulgaria, donde la coalición Bulgaria Progresista por él liderada ha arrasado en las legislativas con el 44,5% de los votos, logrando la mayoría absoluta que pondría fin a años de inestabilidad política, tiene muchos elementos en común con el recién derrotado Viktor Orbán, pero sería una simplificación decir que es su alter ego búlgaro pese a ser una comparación recurrente en los análisis políticos.
Ambos comparten una retórica soberanista y una actitud ambigua en relación con Rusia, pero con grandes diferencias. Tienen en común su oposición al envío de ayuda militar a Ucrania —argumentando que esto solo prolonga el conflicto— y a las sanciones.
Radev también prioriza el 'interés nacional', al igual que hiciera Orbán, por encima de las directrices de la Unión Europea, especialmente en temas de energía. Y ambos apelan a valores tradicionales y se han mostrado críticos con la ideología de género y las políticas liberales occidentales.
La etiqueta de prorruso del "general OTAN"
Pero estas similitudes no pueden dejar de lado las importantes diferencias entre Orbán y Radev. De entrada, aunque le persigue la etiqueta de prorruso, sobre todo por su rechazo a enviar armas a Ucrania y sus declaraciones de 2021 sobre que Crimea era rusa, Radev no encaja al 100% en un perfil ni anti-UE ni anti-OTAN. Es más bien un nacionalista pragmático que critica que Bruselas no atienda los intereses de los países del mar Negro y concretamente la dependencia energética búlgara.
Además, tuvo formación militar de élite como piloto en EEUU —en la base aérea de Maxwell— y vinculada a la OTAN, y cuando se le ha señalado como próximo a Moscú él se ha reivindicado como un 'general OTAN'. Según sus críticos, utiliza ese argumento como coartada. Él, sin embargo, se jacta de conocer bien la OTAN desde dentro, y dice tener la autoridad para saber cuándo una política de la Alianza —como el apoyo militar masivo a Ucrania— es 'peligrosa' para Bulgaria. En definitiva, utiliza su prestigio militar para cuestionar decisiones de la OTAN que considera que perjudican a su país.
Pragmatismo económico
No obstante, y aunque Orbán y Radev miran a Moscú, la actitud de Radev suele presentarse como un ejercicio de pragmatismo económico: evitar el colapso energético de Bulgaria, históricamente muy dependiente del gas ruso.
Además, una cosa es 'mirar' a Moscú por pragmatismo económico y necesidades energéticas y otra muy distinta espiar para el Kremlin como hacía el Gobierno de Orbán, que se había convertido en el caballo de Troya de Putin en el Consejo Europeo.
Corrupción versus lucha contra la corrupción
Otra gran diferencia es que, mientras la sombra de la corrupción ha rodeado la gestión de Orbán en Hungría, Radev saltó a la fama en 2020 apoyando las protestas contra la corrupción del anterior primer ministro, Boyko Borisov. Esto le dio inicialmente una imagen de 'limpiador del sistema', justo lo opuesto a la deteriorada imagen de Orbán y su partido.
Precisamente el perfil militar ha otorgado a Radev una gran credibilidad ante la opinión pública búlgara, donde existe una gran desconfianza hacia la clase política civil, tradicional en los países de la órbita poscomunista, vista habitualmente como corrupta y desconectada de los problemas del país. Radev, como militar, encarna para los búlgaros valores de jerarquía, disciplina y sobriedad que ha conseguido atraer a un sector amplio de la población, cansada del caos parlamentario que ha reinado en Sofía los últimos años.
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