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El fallo de cálculo de Nicolás Maduro en los días previos a su captura

El sátrapa venezolano pensaba que Trump no se atrevería a llegar tan lejos, a pesar de que el presidente estadounidense le dio varios ultimátums.

Nicolás Maduro en un acto público, días antes de ser arrestado. | EFE

Nicolás Maduro confió en su instinto y se equivocó. El sátrapa venezolano estaba convencido de que Donald Trump no se atrevería a cumplir con las advertencias que le había realizado, él mismo en la única conversación directa que han mantenido —al menos conocida— y en múltiples ocasiones a través de distintos emisarios, incluso después de que EEUU desplegara su flota ante las costas del país andino. De manera que, en los días previos a que los Delta Force irrumpieran en su fortaleza de Caracas y le capturaran junto a su esposa —Cilia Flores—, el líder chavista estuvo celebrando las fiestas navideñas "sorprendentemente relajado".

Así lo recoge la información exclusiva publicada este miércoles por el New York Times, que afirma —citando fuentes cercanas de Maduro— que durante sus últimas semanas en el poder el mandatario venezolano aún creía que era posible alcanzar un acuerdo con Washington que le permitiera "mantenerse en el poder o abandonar el cargo cuando él decidiera". Según su entorno, "una incursión estadounidense parecía descabellada". Tanto es así que "cuando las explosiones sacudieron la base militar de Fuerte Tiuna", el pasado 3 de enero, "algunos miembros de su círculo pensaron que se trataba de un golpe de Estado".

Hasta ese momento, el presidente fraudulento de Venezuela —que no aceptó los resultados de las urnas en las elecciones de 2024, que dieron la victoria al opositor Edmundo González— siempre se había salido con la suya, logrando continuar en el poder. "Había burlado a sus oponentes una y otra vez durante sus 13 años de gobierno", recuerda el medio estadounidense, "a pesar de las derrotas electorales, las protestas masivas, los complots armados y los intentos de asesinato". Pero era la primera vez que Donald Trump se le ponía de frente, y esta vez falló en el cálculo.

La Administración Trump le había avisado por todas las vías posibles de que debía dimitir. Lo hizo el Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, a través de un millonario brasileño. Lo hicieron los funcionarios en ristra que hablaron con él hasta la saciedad, incluso unas horas antes de iniciar el ataque. Y lo hizo el propio presidente de Estados Unidos. Pero a ninguno de ellos lo tomó en serio. Tanto es así que —desvela el periódico— celebró la Nochevieja como si nada, "con un pequeño grupo de familiares y amigos en su casa de Caracas". "Escucharon gaitas y las animadas canciones navideñas venezolanas", señala el NYT.

El 21 de noviembre: la conversación con Trump

Maduro tuvo la oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas el 21 de noviembre de 2025. Es el día en el que mantuvo una conversación telefónica directa con Trump, la única que se conoce. Duró entre 5 y 10 minutos, y el presidente estadounidense tuvo una actitud cordial, le habrían confirmado un total de cuatro fuentes relacionadas con la llamada al periódico norteamericano.

Según sus testimonios, Trump le dijo al sátrapa venezolano —en tono jocoso y en inglés—que tenía "una voz fuerte". Maduro le respondió a través de un traductor, también en tono de broma, que se quedaría "aún más impresionado si le viera en persona, debidamente duchado y vestido". El mandatario estadounidense le invitó a reunirse con él en Washington, pero él rechazó "temiendo una trampa".

Maduro propuso a Trump que el encuentro se produjese "en un lugar neutral fuera de Estados Unidos". El mandatario estadounidense se negó y la llamada acabó "sin acuerdos concretos". El venezolano, muy seguro de sí mismo y con la sensación de impunidad que arrastraba tras salir airoso de multitud de devenires, creyó que se había ganado la simpatía del 'yanqui' y que con ello habría ganado tiempo para negociar su salida con las mejores condiciones.

Nicolás Maduro junto a Diosdado Cabello en una marcha en diciembre de 2015 en Caracas.

Sin saberlo, convenció a Trump de usar la fuerza

Pero Trump pensó justo "lo contrario", asegura un funcionario estadounidense relacionado con esa llamada. Él esperaba que el venezolano, que había usurpado el poder al legítimo vencedor de las elecciones, le expusiera "un plan específico" de su abandono. Al no ser así, le convenció de que debía "utilizar la fuerza".

Unos días después, le hizo llegar un ultimátum a través de un millonario brasileño que tenía negocios en ambos países. El Secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, se reunió con Joesley Batista y le dejó claro que quería que Maduro llegara a un acuerdo y abandonara el país. Cuando el sátrapa venezolano recibió el mensaje, "se enfadó" y "desestimó la amenaza".

A partir de entonces, Maduro multiplicó sus apariciones públicas. Casi diariamente, se presentaba en actos en los que no estaba anunciada su participación, bailando y coreando eslóganes en un inglés exagerado, a modo de burla. Cuando Trump vio los videos se molestó. "Inclinó aún más la balanza hacia una incursión militar", señalan las fuentes de NYT.

Maduro ya desconfiaba de Delcy

Según personas cercanas a Maduro, él desconfiaba cada vez más de su vicepresidenta —la actual presidenta encargada, Delcy Rodríguez— e incluso consideraba destituirla, aunque "sabía que la necesitaba" para "mantener a flote la economía sitiada". De forma simultánea ocupaba también los cargos de ministra de Petróleo y de Finanzas. Y el líder chavista se sentía acorralado por sus alianzas internacionales, especialmente la de Cuba.

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Le dio a la dictadura castrista "2000 millones de dólares en petróleo venezolano durante los 11 primeros meses del año pasado, en virtud de acuerdos que no proporcionaron dinero al gobierno de Maduro". Éste comprendió que "sus lazos con La Habana —uno de los principales adversarios de Trump— complicaban sus esfuerzos por llegar a un acuerdo con Washington", aseguran los informantes de NYT. Pero tampoco estaba dispuesto a poner fin a las entregas de crudo, por "una cuestión de honor y lealtad" a Hugo Chávez, "protegido de Fidel Castro".

A mediados de diciembre, la situación económica de Venezuela era tan precaria que empezó a plantearse su propia salida ofreciendo elecciones anticipadas y cediendo el paso a otro candidato del PSVE. Pero Washington insistió en que su dimisión debía ser inmediata. El 23 de diciembre, la Administración Trump le hizo su última oferta. Y la volvió a rechazar. Un amigo íntimo de Maduro asegura que él le llamó a finales de diciembre para decirle que "temía ser traicionado". Estaba convencido de que "había espías que trabajaban contra él".

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Sus últimos días en el poder

Lo cierto es que, para entonces, el ataque estadounidense ya estaba en ciernes. Inicialmente estaba previsto para el último fin de semana de diciembre. Pero las fuertes lluvias, inusuales en Caracas, y otras operaciones que mantuvieron ocupado a Estados Unidos, hicieron que se pospusiese hasta el 3 de enero. Maduro, aseguran las fuentes de NYT, "estaba preparado para que el gobierno de Trump intensificara su campaña militar" y el enfrentamiento pudiera "costarle la vida". Pero lo que esperaba era un ataque a instalaciones estratégicas, probablemente petrolíferas, o lugares relacionados con el tráfico de drogas.

No alcanzaba a imaginar una operación ex profeso para capturarle por sorpresa, desplegando 150 aviones en Caracas. De hecho, pensaba que sus Fuerzas Armadas, "equipadas con armamento chino y ruso valorado en miles de millones de dólares", podrían suponer un problema para EEUU e "infligir bajas letales". "Maduro parecía decidido a resistir la presión", señalan los informadores. Pero se encontró con que el ataque de aviones militares estadounidenses, que "atravesaron las fronteras de Venezuela, atacaron cuatro bases militares, redujeron a los escoltas presidenciales y lo capturaron".

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La operación se saldó con más de 100 muertos. Entre ellos, el anillo de seguridad del presidente, formado íntegramente por cubanos. En ese momento, Delcy Rodríguez estaba disfrutando de unas vacaciones en isla Margarita. Minutos después de que extrajeran a su jefe de su fortaleza en Caracas, recibió una llamada de funcionarios estadounidenses comunicándole que si no colaboraba el Pentágono "iniciaría inmediatamente una serie de bombardeos más intensos contra Venezuela". Al parecer, ella exigió una fe de vida de Maduro y —cuando la recibió— aceptó su "papel temporal de presidenta interina".

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