
No es extraño que el presidente argentino, Javier Milei, ponga los pelos de punta a los que él llama "zurdos". Ahí es ná lo último que se le ha ocurrido para mantener a su país crónicamente inflacionario a flote: reformar el Banco Central para impedir que este se use como una máquina para imprimir billetes haya o no haya en el tesoro público con qué, una práctica muy extendida que no deja de ser falsificación legal de moneda… Y versionar el shutdown americano para atajar el déficit en los siguientes términos: transcurrido un determinado tiempo en que el Estado haya entrado en déficit, y si fallan todos los mecanismos normales para sanear las cuentas, pues se corta por lo sano y se empiezan a cerrar servicios no esenciales. Pero lo mejor es que, de aprobarse y poderse aplicar —que eso está por ver— este plan al pie de la letra, el grillete fiscal argentino implicaría que dejarán de cobrar automáticamente su sueldo el presidente de la República —Milei mismo—, el vicepresidente, los senadores, los diputados, los ministros, los secretarios y los subsecretarios. Ninguno de ellos volvería a percibir un peso mientras su gestión siga siendo ruinosa para el país.
¿Puede prosperar una cosa así? Obsérvese el fino detalle de que la propuesta elude enfrentarse con el toro más grande: los funcionarios. De subsecretario para abajo, los sueldos de la función pública serían inmunes a la reforma. Algo tirando a contradictorio si se considera que el déficit somos todos…pero los que chupan de la teta pública, más. Quizás este rasgo de ¿contención? en el programa mileísta sea un indicio de que sí va en serio, de que sí es viable.
¿Todo esto es populismo o es realismo? Principiábamos augurando jaquecas sin fin a los "zurdos" que vean esto. La cuestión es: ¿qué es exactamente un zurdo? ¿Un comunista, un socialista, un socialdemócrata? Yo creo que, en este contexto, lo que caracteriza al "zurdo" en mal sentido es la arrogancia de seguir defendiendo el intervencionismo más sofocante por parte de la Administración, que no sólo aprieta, sino que ahoga todo lo que puede y más, invocando siempre que eso es en defensa de unos servicios públicos y sociales…que en la práctica no funcionan, o funcionan muy desnaturalizadamente.
Nunca había mentido tanto la izquierda. No sólo la española, también la europea y mundial. Nunca habíamos estado tan lejos de la prosperidad compartida, de la justicia social y del progreso, sin que eso nos ahorre los elevadísimos gastos de manutención de todos los dirigentes políticos y burócratas expertos en cargarse justo aquello de lo que más presumen.
Autoproclamados defensores de la escuela pública, enemigos jurados de la concertada y la privada, aunque es a esta última a la que se apresuran a llevar a sus hijos demasiado conscientes de que a la otra, a la de todos, la dejan morir de hambre. Idem con la Sanidad. O con la seguridad. No digamos cuando les da por ponerse a innovar con leyes y políticas de vivienda que, cuánto más se implementan, más probable es que muchas personas acaben condenadas a vivir debajo de un puente. Todo ello mientras los gobernantes siguen ufanos en su zona de confort, en su burbuja autocomplaciente. Con cero penalización por sus errores.
Ayer mismo alguien me preguntó si yo era de derechas y sinceramente no supe qué contestar. "Yo me considero una liberal, incluso a ratos una libertaria…pero con aspiraciones de justicia social", acabé contestando con cuidado. Lo que le vine a decir a la persona que me interpelaba es que yo aspiro al progreso y a sociedades justas, cohesionadas y hasta compasivas, pero simplemente he perdido la fe en el zurderío más estridente para proveer o garantizar ninguno de esos nobles objetivos. Nunca tantos habían sudado tanto para mantener a tan pocos y tan poco de fiar. No es tampoco que yo crea que Javier Milei nos va a guiar a la tierra prometida. Pero qué quieren que les diga, la idea de dejar de remunerar a los que nos arruinan me ha parecido encantadora. ¿Y si el más zurdo, en el buen sentido, va a acabar siendo él?
