
"Hoy adoptamos un paquete para avanzar en nuestro esfuerzo y apoyar a los ciudadanos para obtener facturas de energía más bajas. Queremos garantizar las condiciones de inversión adecuadas para canalizar el capital privado hacia nuestros sistemas energéticos limpios, asequibles y locales". Quien firma esta frase es Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, para justificar el enorme paquete de medidas energéticas que presentó este martes el organismo y que tiene como uno de sus pilares el impulso de la energía nuclear, definida como una de las "energías limpias de cosecha propia" que la UE debe impulsar para reducir los precios de la energía y aumentar su competitividad.
Ribera, ausente en el pleno sobre el nuevo plan energético, sí participó en una rueda de prensa acompañada en su primer tramo por el comisario danés de Energía, Dan Jørgensen, y en ella dio una muestra más del giro de 180 grados en sus posiciones nucleares tras su salto a Bruselas. Quien abanderara el calendario nuclear porque lo "pedían las empresas", quien prometiera a Bruselas en el PNIEC el cierre de Almaraz en 2027, quien enterrara definitivamente el almacén de Villar de Cañas, quien se opuso a la mina de uranio e incluso impulsó el veto de futuros proyectos similares, tuvo que justificar ante un puñado de periodistas que la única forma de reducir nuestra dependencia de combustibles fósiles es fomentando "la energía limpia local, fabricada en la UE, e impulsando sus infraestructuras". Una mención que engloba a las renovables pero también las nucleares.
El plan energético que según contó Ribera lleva "meses" fraguándose incluye un paquete de medidas para los ciudadanos, un plan de inversión en energía limpia y una estrategia para los pequeños reactores modulares, una tecnología aún incipiente que Europa quiere tener lista para principios de la próxima década. La ministra que empujó al cierre de los siete reactores españoles defendió ante los medios la pertinencia de que los países "que eligen la nuclear" tengan vías para hacer que los minirreactores "sean parte de la solución", reconociendo cómo estos "tienen el potencial de desengancharnos de las energías fósiles".
Tras ensalzar el plan por impulsar la seguridad energética y la competitividad y prometer que traería "ciudades más saludables" y "ciudadanos más seguros", Ribera tuvo que contestar sobre sus propias contradicciones después de las palabras de Ursula von der Leyen, que en una cumbre en París tachó de "error estratégico" que Europa se hubiera alejado de la nuclear en los últimos años. La ahora dirigente europea precisó que la UE "no puede intervenir en la política energética de los países", que son quienes deciden su mix en función de factores como sus "preferencias" o su "geografía". "Nadie puede decir a nadie lo que hacer", dijo Ribera, al tiempo que ensalzaba el marco creado para impulsar el desarrollo de grandes reactores y de minirreactores porque "para los países que quieren unir fuerzas, es mejor ir juntos". Para Ribera, los pequeños reactores que también persiguen países como Reino Unido, Canadá o Estados Unidos, pero no España, "merecen atención".
La letra pequeña del paquete de medidas europeo es inequívoca: la estrategia de inversión en energía limpia promete medidas para impulsar la inversión privada en tecnologías bajas en carbono, nuclear incluida, e incluye un plan específico sobre los futuros reactores modulares pequeños (más baratos, más versátiles y más seguros) que potencia las alianzas entre empresas y países con el fin de multiplicar las posibilidades de que alguno de los proyectos en marcha esté listo en 2030, con instrumentos como un fondo de innovación de 200 millones.
Alargar la vida de las centrales europeas
En el conjunto de documentos aprobados este martes se incluyen, además, proyecciones actualizadas de las necesidades de inversión en el sector nuclear, que se estima en 241.000 millones para pasar de los 98 GWe actuales a 109 GWe en 2050. "Todas las energías cero y bajas en carbón son cruciales para descarbonizar el sistema energético de la UE", sentencia el documento, que señala que ese aumento de capacidad se logrará con nuevas plantas (se plantea un escenario con 15 más), minirreactores y también con la estimación de que pueda alargarse la vida de las centrales actuales (España es el único país que tiene centrales operativas y proyecta cerrarlas).
Significativamente, el documento sentencia que las plantas nucleares proporcionan "energía limpia y adecuada para sistemas eléctricos basados en energías renovables", facilitando flexibilidad e integración de estas tecnologías. Y apunta que incluso puede ayudar a reducir los costes asociados a mantener un sistema eléctrico basado en renovables "con energía firme y baja en carbón que aporta estabilidad a la red".
Como Ribera, el texto recuerda que "la decisión de usar o no usar energía nuclear pertenece a cada Estado miembro según los tratados europeos" pero señala cómo el futuro nuclear europeo depende "de la operación a largo plazo" de los reactores existentes, hasta los 70 u 80 años.

