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Sánchez: ¿austericida o negacionista?

El mandatario encara la incoherencia de sus promesas ante un ajuste forzoso que sus aliados parlamentarios se resisten a asumir en este momento.

El mandatario encara la incoherencia de sus promesas ante un ajuste forzoso que sus aliados parlamentarios se resisten a asumir en este momento.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Europa Press

Siempre es divertido cazar a alguien en su propia trampa retórica. Enredado en su incoherencia. Y más si es el Gobierno (en general, cualquier Gobierno; pero con este, un poco más).

Este viernes, en El País, leíamos "el Gobierno aleja un escudo social amplio, incompatible con las reglas actuales de Bruselas". Y pensábamos en lo que le costará a Pedro Sánchez salir de este debate. Porque su contrincante no será Feijóo, ni siquiera Abascal, sino el propio Sánchez.

Escuchas lo del "discurso social amplio" y ya te intuyes que se está metiendo en un lío. Porque si no es amplio, es pequeño. Y si no lo activa es porque no piensa que la situación sea grave o que sus ciudadanos lo merezcan.

El problema es que haga lo que haga tiene muy mala salida. Está atrapado entre Guatemala y guatepeor. De hecho, por eso está intentando no hacer nada. Desde que comenzó el conflicto en Irán, los gobiernos europeos compitieron por anunciar algo que supusiera un alivio para sus ciudadanos. Mientras, el español procrastinaba. Nos dijeron que Carlos Cuerpo, el ministro de Economía, había cancelado su agenda para centrarse en analizar las diferentes opciones; incluso, se ha filtrado que se ha reunido con expertos para evaluar las alternativas a mano. Pero ahí siguen, dos semanas después, sin ser capaces de lanzarle ni un caramelito a sus tertulianos de guardia para que nos recuerden lo bueno que es el Gobierno. Ahora parece que el próximo martes nos dirán algo tras el Consejo de Ministros. Y se antoja que ya irían tarde. ¿El objetivo? Cada vez parece más claro que Sánchez está rezando para que termine la guerra antes de tener nada que aprobar; para decir que iba a hacer sin, en realidad, hacer nada.

Guatemala

La opción mala es no hacer nada. Porque eso le abre un flanco a su izquierda, que Podemos, Sumar y el resto de socios querrán aprovechar. Cómo explicarle ahora a alguien el concepto de restricción presupuestaria. Después de ocho años (en realidad, muchos más, porque en la oposición jugaban a lo mismo) en los que asegurabas que todos los problemas se podían resolver si había voluntad. Estás atrapado. Pero no te queda otra. El recurso de culpar a Bruselas tiene las patas muy cortas, entre otras cosas porque otros gobiernos sí están haciendo lo que tú no te atreves (bajar impuestos, ayudas para contener el alza de precios del carburante). Aquí la clave no son las reglas de gasto de Bruselas, sino el desequilibrio fiscal en España: todavía no hay una cifra cerrada para 2025, pero probablemente estaremos por encima del 2,5% del PIB. Y sí, lo venderán como todo un éxito (primera vez por debajo del 3% desde 2018). Pero no lo es. Después de una década larga de crecimiento (al menos desde 2014), seguir con ese agujero en el presupuesto y con una deuda por encima del 100% del PIB es un drama.

Porque el problema no es tanto el 2,5%, como que ésa sea tu mejor cifra. Es decir, si cuando todo va bien estás ahí, ¿qué pasará el día que las cosas se tuerzan un poco? Un poquito menos de crecimiento o recaudación; y tienes un problema de los importantes. Ahí es donde están Sánchez y María Jesús Montero ahora. Los no ajustes del pasado les entregan su factura ahora. ¿Austericidas? Que no miren a Bruselas; es todo cosa suya.

Guatepeor

A partir de ahí, si esto se alarga, parece claro que Sánchez tendrá que hacer algo. Pero no lo tendrá fácil en guatepeor. Lo primero, porque no hay mucho más que hacer que bajar impuestos (o subvencionar el bien en cuestión) y eso tendrá un impacto en la recaudación que no se puede permitir. Mucho menos si la misma guerra que le obliga a actuar tiene una derivada en términos de crecimiento (y la tendrá).

En segundo lugar, porque la clave no es sólo presupuestaria. Probablemente, no hay ningún otro tema que haya sido más constante (quizás, junto con el feminismo) en el discurso del Gobierno de Sánchez como el del cambio climático. Nos han dicho que debería ser nuestra principal prioridad. Nos han repetido que es una emergencia. Nos han empujado a que aceptemos sacrificios. Nos han acusado, cuando nos hemos revuelto, de ser insolidarios o negacionistas, de poner en riesgo el planeta.

Pero en cuanto se tuercen un poquito las cosas, son ellos los que recurren a las medidas más antimedioambientales que uno pueda imaginar. Gaia está en peligro, pero Sánchez prefiere el cortoplacismo. ¿No era urgente que redujésemos nuestro consumo de combustibles fósiles? Qué mejor incentivo que lo que estamos viendo estos días. Si de verdad te crees lo de la transición energética (que es inevitable, acuciante, inaplazable y obligatoria), que se dispare el precio de la gasolina y el gas debería ser la mejor noticia posible. Pues parece que no.

Ya lo comentamos cuando se dispararon los precios de toda la cesta de consumo con motivo de la Guerra de Ucrania: ¿hay que consumir más o menos gasolina? ¿Debemos ir a un nuevo modelo de consumo, basado más en la cercanía y los productos de proximidad? Dejemos que el mercado, a través de los precios, nos acerque a ese escenario, en teoría tan deseado. Y digo "deseado", pensando en los miembros del Gobierno y de buena parte de nuestra clase política: yo no tengo especiales ganas de que llegue; aunque asumo que una subida de precios es una forma muy buena –la mejor – de regular la escasez sobrevenida de un bien. Si uno no deja que los precios actúen, los consumidores no interiorizarán que ese bien es ahora menos abundante y no racionarán como deberían de acuerdo a las nuevas condiciones del mercado. Pero claro, hablar de "escasez", "precios", "consumidores que reaccionan", "nuevas situaciones de mercado"… a este Gobierno es como gritar en el desierto. Ellos están en el "escudo social" y en la "voluntad" que lo puede todo. Así que ahora sólo les queda elegir: ¿austericidas o negacionistas? No hay otra.

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