
Es posible que en el último mes algunos consumidores hayan notado pequeños cambios en productos habituales de su cesta de la compra. Un bote de aceitunas que describe al detalle su relleno, una horchata con menos azúcar —o sin él— o nuevas referencias en el jamón de pavo. Otros, directamente, se han preguntado qué ha sido de la mortadela Bolonia de toda la vida. No, no es que haya desaparecido el producto: ha cambiado la norma.
Detrás de estas modificaciones está el real decreto aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 24 de febrero, una actualización normativa que, aunque técnica en apariencia, empieza a tener efectos visibles en lineales y etiquetas. Y, como suele ocurrir, no llega sola: lo hace acompañada de nuevas obligaciones, matices y requisitos que añaden una capa más de complejidad a un sector ya de por sí altamente regulado.
Más información... y más papeleo
El Gobierno asegura que el objetivo es "mejorar la información al consumidor, reforzar la trazabilidad y adaptar la normativa a la innovación tecnológica". En la práctica, sin embargo, muchos operadores del sector señalan que cada cambio implica rehacer etiquetas, ajustar procesos y asumir nuevos costes.
Uno de los ejemplos más claros está en el pan. La variedad sin gluten ahora pasa a estar regulada por la misma norma de calidad que el pan normal. Además, a partir de ahora se puede llamar 'pan' a esos productos que no se elaboran con harina pero que cumplen los requisitos generales de calidad de este producto básico.
Horchata sin azúcar y aceitunas transparentes
La horchata tampoco se libra. A partir de ahora podrá elaborarse sin azúcares añadidos o con contenido reducido de azúcar, en línea con las tendencias de consumo actuales. Pero la norma fija límites claros: nada de edulcorantes ni colorantes. El resultado es un producto más controlado... y una industria con menos margen de maniobra.
En el caso de las aceitunas, los fabricantes deberán especificar con mayor claridad los ingredientes de los rellenos en forma de pasta. Y con respecto a las galletas, se eliminan ciertos límites técnicos para facilitar nuevas formulaciones con integrales, fibras y 'otros ingredientes innovadores'.
Cambios en los cárnicos
El sector cárnico vuelve a ser uno de los más afectados por este tipo de reformas. Se reconoce oficialmente el jamón de pavo —algo que el mercado ya había asumido hace años— y se elimina la mortadela Bolonia del listado de denominaciones. Es decir, el producto seguirá existiendo (una mortadela similar), pero tendrá que venderse bajo otra denominación permitida, como simplemente 'mortadela' u otra descripción ajustada a la regulación.
Se regulan nuevas menciones de valor añadido demandadas por el consumidor, como 'natural' y 'elaboración artesana' y también se refuerza la trazabilidad en jamones y paletas curados y la información sobre la fecha de entrada en salazón.
