
Las principales organizaciones agrarias han mostrado su rechazo al nuevo acuerdo de libre comercio de la Unión Europea, esta vez con Australia. Siguiendo la línea de otros tratados recientes como Mercosur o la India, el mensaje del campo es claro: el sector primario rechaza que se eliminen los aranceles que abaratarían la cesta de la compra si no se garantizan condiciones de competencia justas.
La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) ha calificado el acuerdo UE-Australia como una auténtica "traición" al campo español. Desde la organización denuncian que se trata de un "golpe directo" a la viabilidad de muchas explotaciones, en un momento especialmente delicado por el aumento de costes energéticos, de fertilizantes y de producción debido al conflicto en Oriente Medio.
En la misma línea, Asaja considera que, una vez más, el campo europeo se convierte en "moneda de cambio" en las negociaciones internacionales. Según esta organización, Bruselas habría cedido en productos sensibles del sector agrario a cambio de beneficios para otras industrias, como la automoción o la química.
"Siempre que hay que sacrificar a alguien en Europa, el elegido es el sector agroalimentario", critica Asaja, que recuerda que esta situación no es nueva y apunta a precedentes como los efectos de los aranceles a fertilizantes rusos y bielorrusos, el encarecimiento energético o acuerdos comerciales anteriores como Mercosur o Marruecos.
Los sectores más sensibles
Uno de los principales temores del sector es la competencia de productos australianos que, aseguran, no están sometidos a las mismas exigencias ambientales, sanitarias o de bienestar animal que las producciones europeas. Carne de vacuno, ovino, azúcar, arroz o lácteos son algunos de los sectores que podrían verse más afectados.
"En Canberra se ha firmado un papel que le dice al ganadero de Badajoz, al pastor de Cuenca, o al ganadero de vacuno de Asturias, que sus años cumpliendo cada norma, asumiendo cada coste, adaptándose a cada exigencia de Bruselas no valen nada frente a casi 100.000 toneladas de importaciones australianas producida con hormonas que aquí están prohibidas. No es un acuerdo comercial. Es la confirmación de que en esta Unión Europea hay una agricultura a la que se le pide todo y se le protege de nada", ha lamentado el secretario general de COAG, Miguel Padilla.
Además, las asociaciones agrarias ponen el foco en los contingentes arancelarios incluidos en el acuerdo. Aunque sobre el papel puedan parecer limitados, advierten de que en la práctica generan presión sobre los precios y distorsionan los mercados. También dudan de la eficacia de las cláusulas de salvaguarda, recordando que en acuerdos anteriores han llegado tarde o no han funcionado correctamente.
Balanza comercial positiva
España mantiene superávit comercial estructural con Australia: exportamos más de lo que importamos. Los últimos datos definitivos (2024) dicen que vendimos productos por valor de 2.131 millones de euros mientras que las compras, principalmente de materias primas, alcanzaron los 580 millones de euros.
En lo que respecta a la ganadería, las cifras de Datacomex del Ministerio de Economía consultadas por Libertad Digital muestran también un claro superávit para España. En 2024, España exportó 799,43 toneladas de carne y animales vivos por valor de 9,07 millones de euros, frente a importaciones de apenas 41,76 toneladas (0,71 millones). En 2025 la tendencia fue prácticamente idéntica: 776,73 toneladas exportadas (9,27 millones de euros) frente a 39,23 toneladas importadas (0,93 millones).
Los números reflejan que, al menos por ahora, la balanza comercial juega a favor del sector español, lo que introduce dudas sobre el alcance real del impacto que denuncian las organizaciones agrarias. Aun así, el rechazo del campo no es nuevo ni aislado. Ya ocurrió con Mercosur, con India y con otros acuerdos comerciales. Y el patrón se repite: el sector primario teme quedar desprotegido en un mercado global cada vez más abierto.
Por ello, COAG ha instado al Gobierno a actuar "con urgencia y firmeza" en Bruselas para frenar la tramitación del acuerdo, mientras que Asaja ha pedido directamente a los eurodiputados que voten en contra.


