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La confesión eléctrica de Sánchez

Si de verdad viviéramos en ese paraíso energético que nos venden, no habrían salido corriendo a anunciar rebajas fiscales sobre la electricidad.

Si de verdad viviéramos en ese paraíso energético que nos venden, no habrían salido corriendo a anunciar rebajas fiscales sobre la electricidad.
Pedro Sánchez (d), recibe al lehendakari, en el Palacio de la Moncloa, a 27 de marzo de 2026. | EUROPA PRESS

Llevamos días escuchando la misma cantinela y asistiendo al vergonzoso despliegue del equipo de opinión sincronizada. Es espectacularmente deleznable. Pedro Sánchez presume de que España tiene una de las energías más baratas de Europa. Óscar López sube la apuesta y afirma, directamente, que España es la que tiene la energía más barata. Tertulianos y tuiteros, a golpe de argumentario manufacturado en Moncloa, repiten el mensaje una y otra vez, en todos sitios, a través de cualquier canal. Las furcias mediáticas llenan RTVE de mapas de Europa a todo color mientras mienten sin ningún pudor. La máquina del fango de creación de bulos en pleno apogeo. Los que venían a combatir los bulos son los mayores buleros de la historia. Hecho indiscutible.

Lo dicen con la negligencia propia del que desprecia a todo y a todos. Con la indigencia moral del que únicamente se debe a su amo. La realidad no importa, nunca importó. Ya está. Aplausos, foto y propaganda. Cámara y acción que nos queda poco en el convento… y ya saben ustedes como continúa el refrán.

La realidad, sin embargo, nunca es como la pintan el yerno de Sabiniano y sus acólitos. Su relato no describe la realidad que pagan los españoles cuando llega la factura. ¿Dónde está la falacia? Lo que el Gobierno exhibe con triunfalismo son precios del mercado mayorista de electricidad. Es decir, el precio al que se vende el MWh en la lonja eléctrica antes de pasar por la trituradora regulatoria española. Es como ir a un invernadero de Almería, mirar el precio del tomate a pie de mata y concluir que la cesta de la compra es baratísima. Luego uno va al supermercado, paga diez veces más por los tomates y comprende que le estaban tomando el pelo. Con la luz ocurre exactamente eso.

El mercado mayorista puede estar barato. Muy bien. Es correcto. España, debido a su mix de generación, tiene momentos muy competitivos y nos situamos en la banda baja de precios europeos. Lo que se discute es otra cosa. Lo que se discute es por qué, si producir electricidad resulta tan barato, encender la lavadora, poner el aire acondicionado o cocinar sigue siendo un esfuerzo serio para millones de familias. Ahí es donde el discurso del gobierno se cae. Porque desde que están en la Moncloa, la pobreza energética en España es mucho mayor.

La factura real no es solo el coste de la energía. Hay innumerables partidas en esa factura que son decisiones políticas, impuestos y una colección de sablazos administrativos que convierten una buena noticia técnica en una mala noticia doméstica. La prestidigitación de este Gobierno es tan obvia que sonroja, si no fuera porque el relato cala, como calan tantos otros que preocupan mucho más.

Si de verdad viviéramos en ese paraíso energético que nos venden, no habrían salido corriendo a anunciar rebajas fiscales de urgencia sobre la electricidad. No se rebajaría con dramatismo el IVA, no se reduciría el Impuesto Especial de la Electricidad y no se suspenderían gravámenes (que no deberían existir, dicho sea de paso). Esa rebaja exprés es, en realidad, una confesión. La asunción tácita de que las facturas eléctricas aprietan y la confesión velada de que el sistema fiscal estaba inflando un bien básico con el único fin de recaudar.

Ya ni siquiera irrita esa pedagogía tramposa. Hemos asumido que nos gobierna una piara de trileros en este momento histórico que se estudiará en el futuro como uno de los más siniestros de la democracia. Mienten todos, en todo y mienten siempre. No, España no tiene la electricidad más barata de Europa (hay, al menos, quince países que la tienen más barata). Lo que tiene España es un gobierno que presume del precio al por mayor mientras exprime al consumidor al por menor y luego pretende que le demos las gracias por aflojar un poco el torniquete que él mismo había apretado. No cuela, ni siquiera Tezanos lo maquilla ya. El convento, el convento…

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