
A pesar de todo lo que ha sucedido en los últimos años, los españoles seguimos sin tomarnos en serio las cuestiones energéticas. Bien sea por desconocimiento o dejadez, la realidad es que permitimos que se ponga en riesgo, de manera continua, nuestro bienestar. No asumimos que la energía está en la base de todo lo que hacemos y que una escalada de precios tiene un impacto directo en nuestra economía y, por tanto, en nuestros bolsillos. Tenemos poca memoria. Ya nos hemos olvidado de la gasolina a más de 2 €/litro y la luz en nuestras casas a 1.000 €/MWh.
Lo que está sucediendo con el gas es, de nuevo, lo mismo. Durante años Argelia fue nuestro suministrador de preferencia. No era una relación romántica, pero funcionaba. Y en política exterior, lo que funciona debe tocarse lo justo. Hasta que en marzo de 2022 el Gobierno decidió girar con el Sáhara y respaldar la propuesta marroquí de autonomía. Se nos vendió un relato falso, inventado. La realidad era que a Pedro Sánchez le habían hackeado el móvil los marroquíes en un viaje a Ceuta y Melilla. Vaya usted a saber lo que había allí dentro, pero les regalamos el Sáhara sin rechistar, para cabreo mayúsculo de los argelinos.
De Argelia, que llegamos a importar más de 215.000 GWh de gas, el año pasado importamos apenas 128.500 GWh. Con el gas suceden cosas paradójicas. La Unión Europea pretendió imponer un veto a los combustibles fósiles rusos tras la invasión de Ucrania. En España, sin embargo, multiplicamos las compras de gas que vendía Putin. Cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa, apenas comprábamos gas ruso (unos 5.500 GWh antes de julio de 2018) para pasar a comprarles 35.000 GWh al año y siguiente y multiplicar las importaciones hasta los 72.000 GWh después de la invasión de Ucrania.
Hubo meses en los que, en plena guerra de Ucrania, el gas ruso supuso más del 27% del total importado en España. Le estábamos financiando a Vladimir los bombardeos de Kiev mientras en Bruselas nos hacíamos los ofendiditos, que es lo que mejor se nos da. Dato mata relato.
No solo hemos aumentado la dependencia del gas ruso mientras tratan de ocultárselo a la opinión pública, sino que hemos multiplicado nuestra dependencia del gas americano de forma brutal. De nuevo, el año que Sánchez llegó a la Moncloa únicamente importamos de EEUU unos 8.500 GWh (apenas el 2% del total). En 2025, las importaciones de GNL americano ascendieron a 111.696 GWh, el 30% de todo nuestro consumo. Hemos multiplicado en un factor 15 nuestra dependencia de los Estados Unidos.
Todo esto en un contexto donde hay dos matices vitales: uno, la administración Trump ha declarado abiertamente que la energía es un instrumento de "dominación" política que van a ejercer sin reparos. Dos, nuestro ejecutivo tiene la visión estratégica de una coliflor. Primero asistimos a la bronca por el gasto en la OTAN que nos pasó factura. Ahora, la negativa a que Estados Unidos use las bases de Rota y Morón para operaciones vinculadas a Irán.
O no. Tal vez puede que Pedro Sánchez esté jugando una partida de ajedrez en 4 dimensiones con una clarividencia sobrenatural que nadie más es capaz de apreciar. A lo mejor va tres jugadas por delante de Washington y pretende utilizar en su beneficio la bravuconería del sheriff de la Casa Blanca. Igual enarbola el "no a la guerra" como una estrategia aglutinadora del voto anti-imperialista de la izquierda española. Tal vez y solo tal vez, pueda ser plausible que el yerno de Sabiniano adelante las elecciones si el tema de Irán se enquista y la inflación se dispara. A mí, debo admitir, me tiene en el más absoluto de los desconciertos. A día de no tengo claro si es un genio o simplemente imbécil.
