
Suele ser el sino de no poca gente que, sin necesidad, parangona su temperamento y dan rienda suelta a su verbo, para acabar con un silencio sepulcral. En el mundo en que vivimos, se diría que el alardeo, sobre todo en personas significativas, suele ser objeto de recompensa o reconocimiento, tendente a ensalzar la figura de quien alardea, como signo de complacencia de su principal.
La realidad es que el Ministerio de Trabajo y Economía Social viene publicando, desde el año 2007, el dato de fijos discontinuos que engrosan, en alguna medida, las cifras de desempleados, para general conocimiento.
Era un dato que venía publicándose cada año desde entonces, durante los gobiernos de Rodríguez Zapatero, así como también durante los de Mariano Rajoy, sin otra pretensión que la aportación de un dato de carácter estadístico para quienes pudiera interesar.
Su dimensión política cambió cuando en el año 2020 doña Yolanda Díaz Pérez fue nombrada ministra de Trabajo y Economía Social en el segundo Gobierno de Pedro Sánchez y concibe –esto es un suponer– que aquellos datos que venían publicándose por su Departamento Ministerial podían satisfacer otros objetivos.
La estadística publicada venía a satisfacer las necesidades de información que el propio sistema laboral había generado, entre las diversas formas de empleo y su dimensión temporal, para atender las exigencias del modo de producción, que no era único ni excluyente.
La señora ministra de Trabajo vio en la estadística que elaboraba su propio ministerio, quizá por un exceso de alarde imaginativo, que aquellos datos podrían utilizarse para fines que nunca estuvieron presentes en quienes diseñaron la muestra.
Así, se trató de presentar de forma diferenciada, entre los demandantes de empleo no incluidos en las listas de paro registrado, respecto a los que proceden del registro de parados. En el primero de estos grupos se incluirían los fijos discontinuos en los períodos de inactividad, mientras que en el segundo grupo estarían los demandantes de empleo, inscritos en las oficinas de empleo, como parados registrados.
La polémica de opiniones en esta materia lo que determinaba era la desconfianza plena en la validez de los datos para los fines que se pretendían. Resultado, la vergüenza nacional que se produce, cuando nuestros datos no se admiten en las estadísticas europeas (Eurostat) de empleo total y juvenil, así como desempleo total y por segmentos de población.
En dichas estadísticas, los datos correspondientes a España, en las distintas tablas, aparecen desde el año 2021 –la ministra Díaz es titular de Trabajo y Economía Social desde 2020– con una nota a pie de página en la que se advierte que los datos españoles difieren en definición de los demás países de las tablas. Es decir que lo que se considera empleo o paro en los demás países no es igual a lo que tales conceptos significan en España.
Conclusión de la señora ministra de Trabajo, según los medios: que se borre el dato oficial de fijos discontinuos, apuntados al desempleo. Y eso, hacerlo en silencio. ¡Una falta de respeto a las estadísticas y a su misión!
