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El diseño territorial de Rajoy limita las aspiraciones de Camacho y Basagoiti

Veteranos como Valcárcel o Sanz quieren dar el salto a la política nacional. Noveles como Basagoiti y Sánchez Camacho también están a la espera.

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Veteranos como Valcárcel o Sanz quieren dar el salto a la política nacional. Noveles como Basagoiti y Sánchez Camacho también están a la espera.
Ramón Luis Valcárcel y otros barones del PP | Archivo/PP

En Génova ven como un espaldarazo al nuevo PP autonómico los aplastantes resultados cosechados en los comicios del veinte de mayo. En la extinta legislatura, Mariano Rajoy redibujó el mapa de las baronías del partido, no sin tensiones internas. El resultado fue una hornada de líderes noveles preparados y muy leales a la nueva línea de la formación.

Apartando el sonado fracaso en Asturias, donde pinchó la elegida Isabel Pérez Espinosa, el jefe del PP se muestra satisfecho. Incluso en Navarra, donde Santiago Cervera aguantó el tipo logrando cuatro representantes en el Parlamento foral. El resto de resultados se venden como un éxito sin paliativos.

El hito empezó en Galicia, la primera prueba de fuego para un Rajoy aún en cuarentena. Pero Alberto Núñez Feijóo consiguió lo que ninguna encuesta pronosticaba: una mayoría absoluta sólo cuatro años después de que Manuel Fraga no la hubiera conseguido por un puñado de votos. Era uno de marzo de 2009, y los vascos también fueron llamados a las urnas: Antonio Basagoiti evitó que el PP vasco se derrumbara -si bien no subió en votos- y echaba al PNV del poder con un pacto con el PSE de Patxi López.

Ya en este 2011 llegaron las elecciones catalanas, y el PP volvió a los índices de Alejo Vidal Quadras: ocho diputados en las Cortes, sólo tres menos que los socialistas. Alicia Sánchez Camacho se consolidaba y la región ya no era territorio vedado para quienes llevan carnet del PP.

El terremoto electoral del 22-M es por todos conocidos: exceptuando Asturias (FAC) y Navarra (UPN), el PP ganó en el resto de comunidades cuyos ciudadanos fueron a votar. Sólo se escapó el gobierno en las islas Canarias, donde José Manuel Soria venció, pero por mayoría simple.

La única región que queda por votar es Andalucía, el último gran reducto socialista. Aquella donde se librará la madre de todas las batallas. Aunque los sondeos le dan como favorito, Javier Arenas sabe que sólo le sirve la mayoría absoluta. Los comicios se celebrarán en marzo de 2012, tres meses después de las generales. Todo el PP se volcará para alcanzar la victoria.

Soria y Cervera, con despacho en Madrid

A la espera de saber qué ocurre en la región del sur, el líder del PP hace un balance tan halagüeño de su particular revolución autonómica que prefiere no tocar nada; que todo siga como está porque "las elecciones han demostrado que funciona". Una percepción que afecta principalmente a los noveles, habida cuenta de que algunos veteranos acusan el desgaste de un largo tiempo en el mando.

De la nueva horneada, sólo moverá, en principio, a Soria y a Cervera, ambos situados en puestos de salida de las listas electorales al Congreso de los Diputados. El primero "ya ha cumplido con Canarias", llegando a ser vicepresidente cuando el PP se alió con Coalición Canaria. El segundo nunca quiso dejar Madrid, pero hizo el favor de pilotar a los populares navarros para después regresar en la Cámara Baja. Pérez Espinosa, de momento, seguirá en Asturias, aunque pocos la ven repitiendo como candidata al Principado.

La principal duda está en qué hará Rajoy con Basagoiti y Sánchez Camacho, con gran proyección nacional. Con un importantísimo papel público tras el comunicado de ETA, el líder de los populares vascos siempre estuvo en las quinielas para ser ministro del Interior. Por su parte, a la dirigente catalana se le ha situado principalmente en Sanidad, pero también en otras carteras como Administraciones Públicas. En principio, Rajoy no quiere que dejen sus cargos de responsabilidad.

Los veteranos que quieren cambiar

El futuro está más abierto para los experimentados. Si encuentran cabida en el puzzle del más que previsible Gobierno de Rajoy o en cargos de responsabilidad dependientes al mismo, el presidente popular podrá seguir haciendo su particular mapa autonómico. Ahora bien, en Génova advierten que de producirse movimientos tendrán que ser con sumo cuidado.

Ramón Luis Valcárcel es uno de los que más suena en puestos de salida. El veteranísimo presidente de Murcia se volvió a presentar el 22-M porque personalmente se lo pidió Rajoy, pero quiere cambiar. En el PP son muchos los que piensan que el líder ya le tiene guardado un hueco.

Otros dos barones, Juan Vicente Herrera (Castilla y León) y Pedro Sanz (La Rioja) también llaman a la puerta del despacho del jefe para entonar el qué hay de lo mío. Entienden que han cumplido con creces, y por varias legislaturas, convirtiendo a sus regiones en auténtico feudos del centro-derecha. Esperanza Aguirre también podría dar el salto, aunque parece más lejano, encajando a la perfección al frente de la cartera de Exteriores, por su total dominio de varios idiomas y sus capacidades diplomáticas.

En la Comunidad Valenciana, el caso Gürtel obligó a la reforma: tras las elecciones, Alberto Fabra sustituyó al reelegido Francisco Camps, que hace gestiones en la sombra para ser recuperado si su nombre sale limpio de los tribunales. El propio Rajoy aseguró públicamente que podría ser reinsertado una vez pase el polvorín judicial.

La batalla que librará Feijóo y Cospedal

Paralelamente, hay otros barones que aguardan su momento y piensan más en el medio-largo plazo. En entrar como ministros en la segunda legislatura de Rajoy -algo que se da casi por descontado en los círculos populares- para después luchar por la presidencia del partido. Y en ese tatami de ficción dos nombres suenan por encima del resto; los de María Dolores de Cospedal y Alberto Núñez Feijóo.

Según un sondeo hecho entre cargos del PP, ellos son los favoritos para sustituir a Rajoy: primero el gallego y, después, la castellano-manchega. Pero, al fin y a la postre, en igualdad de condiciones. Él por su capacidad del liderazgo, por ser el encargo de iniciar la recuperación electoral de Rajoy. Ella porque se ha convertido en el referente económico del partido y con el plus de que, en voz de un alto cargo, "gusta mucho la imagen de una mujer presidenta, y del PP".

Sea como fuere, Rajoy no habla nada de esto con nadie. Guarda un hermético silencio, que ya se ha convertido en característica de la casa. Ahora bien, en algunas comunidades aseguran que sí que existen "conversaciones comprometedoras" previas a las elecciones de mayo.

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