Todo este cachondeo acerca de la poligamia podría ser muy divertido y servir de anécdota en otras circunstancias o en cualquier otro país. En Rusia, que a lo largo del último decenio vive la tragedia más grande desde el siglo XIII, cuando fue destruida por las hordas tártaras, este tipo de bromas nos suenan demasiado cínicas. Nos confirman lo que ya sabemos: la clase política rusa está muy alejada de su pueblo, de sus necesidades y sus aspiraciones. Un pueblo mártir, que lucha por su supervivencia dominado por las mafias criminales y el poder corrupto.
La población rusa disminuye en un millón de personas al año. Las causas son muy conocidas. Es la desnutrición, porque no hay trabajo ni dinero. Las enfermedades, especialmente la tuberculosis, porque la sanidad es casi inexistente y los medicamentos son inaccesibles. El frío, porque no hay con que pagar la calefacción. El alcoholismo y las drogas. Las guerras locales y el crimen organizado.
Por otra parte, no nos sorprenden los disparates de Zhirinovski, conocido por los rusos como el “payaso” de la Duma. Este títere del poder, a pesar de su “imagen” de opositor, siempre ha sabido cómo “distraer” al público, tanto ruso como extranjero. Un día preconizó una guerra mundial para que los “soldados rusos lavaran sus botas en el océano Indico”. Otro, se fraternizó con Sadam Husein y Gadafi para crear una “alianza mundial de fuerzas patrióticas”.
Según un analista ruso, es una verguenza nacional que el parlamento dedique su tiempo a discutir los “delirios” de Zhirinovski mientras que la situación socio-económica del país es cada día peor. Los últimos acontecimientos dan mucha razón a este politólogo: en Moscú, estos días, tiene lugar una protesta de los llamados “liquidadores de Chernóbil”. Miles de hombres que tomaron parte en los trabajos de salvación en la central nuclear de Chernóbil, tras la avería de 1986, no vinieron a la capital para pedir poligamia. Salvaron a Rusia, y quizá a media Europa, de la contaminación nuclear. La mayoría de ellos están enfermos de cáncer, no pueden trabajar y no reciben ninguna ayuda. Simplemente mueren. Y nadie se preocupa de ellos.

Rusia: entre risas y lágrimas
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