El juez Garzón ha hecho bien. Es un poco exagerado y sin sentido tener en la cárcel a un prisionero como Gusinski. Los argumentos de la fiscalía de que pudiera huir no nos parecen muy realistas. Gusinski es demasiado conocido en el mundo, es sibarita, le gusta la buena vida en España y, al parecer, no está dispuesto a cruzar a nado el Mediterráneo para esconderse en Libia o Sudán.
Un hombre muy activo, alegre, acostumbrado a estar siempre con amigos y seguidores, ha pasado mal estos diez días en la cárcel. Su abogado dice que se le veía completamente abatido. Además, no podía hablar con nadie por su desconocimiento del español.
Recordaremos que el único delito comprobado que ha cometido el magnate es no haberse presentado en la fiscalía rusa el pasado 17 de noviembre. Suponemos que ya está bastante castigado por esta causa. Ahora, la justicia española tiene que decidir su repatriación.
¿Son verosímiles las acusaciones de estafa contra Gusinski, o se trata de persecución política? Para cualquiera que conozca la situación en Rusia, está claro que puede tratarse de ambas cosas. Se puede sospechar que Gusinski debe su fortuna a operaciones financieras dudosas, a la corrupción, al tráfico de influencias, a las privatizaciones escandalosas y a muchos más procedimientos delictivos que prosperan en Rusia. Pero sabemos también que no ha sido sólo Gusinski quien ha utilizado estos trucos, que ni siquiera se consideraban delictivos en la caótica Rusia de los años noventa.
Así que la pregunta es: ¿por qué persiguen a Gusinski y no a cualquier otro “oligarca” ruso? Y la respuesta es que nuestro héroe, al parecer, no está dispuesto a someterse a quien están ya sometidos casi todos los rusos: a su nuevo presidente Vladímir Putin.

Gusinski liberado
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