En menos de 48 horas, Rusia concretó dos acuerdos internacionales que pueden marcar la emergencia de un nuevo eje de poder, del cual Estados Unidos quedará específicamente excluido.
Cuando el Presidente Ruso, Vladimir Putin, visitó la India, el pasado mes de Octubre, el acuerdo firmado ayer, era sólo una posibilidad de futuro. Pero esta posibilidad se convirtió en realidad cuando en la ciudad rusa de Irkustk los representantes de ambos países concretaron el acuerdo de venta de armas y transferencia de tecnología más importante firmado por Moscú desde la desaparición de la URSS. Si bien la cifra exacta no se conoce aún, fuentes rusas señalaron que rondaría los 3.000 millones de dólares.
Así, la empresa “Hindustan Aeronautics Limited Corporation –HAL– recibe una “licencia amplia”. Ésta incluye todas las transferencias de tecnología necesarias para que India pueda manufacturar el avión de combate SU–30 en su versión mas actualizada conocida como MKI, incluyendo los motores AL-31fp con direccionador de empuje.
India ya posee 10 SU-30K merced a un acuerdo firmado en 1998, pero lo que se estipula ahora es no solamente la manufactura en suelo Indio de un aparato más moderno, sino la posibilidad de que ambos países desarrollen en común una quinta generación de este avión multipropósito. Obviamente, India comprará a Rusia todos los sistemas misilísticos que el aparato lleva, dando una importante inyección de cash a las siempre hambrientas arcas del tesoro moscovita.
La renovación del interés ruso por la India (ya un dato histórico) se reafirmó al asumir la presidencia Putin e iniciar una enérgica política de acercamiento. Ésta se traduce en, además de lo ya puntualizado, la venta de más de 300 blindados pesados T-90 y la entrega a la India del portaeronaves de 30.000 toneladas “Almirante Goshkov”, teóricamente donado, pero cuya puesta al dia se hace en astilleros rusos con un costo aproximado de 700 millones de dólares, esto sin contar los aviones y helicópteros que los indios comprarán como dotación de la nave.
Mientras tanto, el ministro de Defensa Ruso, después de tres días de reuniones en Teherán (la primera visita de un ministro de Defensa de Rusia desde la revolución iraní de 1979), anunció que Rusia e Irán expandirán la cooperación militar bilateral. Pocas semanas antes, Moscú había comunicado a Washington que rescindía los acuerdos de 1995 por los que se comprometía a no vender armas al régimen de Teherán.
En una conferencia de prensa conjunta ruso-iraní, el ministro de Defensa, el general Igor Sergeyev, aseveró que la cooperación militar ruso-iraní no es una amenaza para terceros países y que promoverá la paz y seguridad en el Asia Central. Entre 1996 y 1999, Irán ya compró más de 4.000 millones de dólares en equipos rusos: blindados, aviones de combate, sistemas de defensa antiaérea, submarinos y bombarderos son parte de la panoplia adquirida. Merced al alza del precio internacional del crudo, Irán cuenta ahora con la liquidez necesaria para encarar la reparación de algunos equipos provenientes de la era soviética y la adquisición de nuevos materiales.
Para Rusia, la relación con Teherán resulta clave. No solo por su proyección geopolítica sobre el golfo Pérsico, sino también como una forma de minimizar los problemas que le puede generar el fundamentalismo islámico, tanto por parte de los talibanes en Afganistán como por los grupos que aún pelean en Chechenia y su vecindad.
Para la nueva administración de G. W. Bush, si bien ninguno de los acuerdos reseñados representa una amenaza inmediata, cuando se les analiza en su conjunto conforman dos claros problemas para Washington. Del lado iraní, que este país, al que Estados Unidos sigue viendo como un factor de desestabilización regional, adquiera armas sofisticadas, particularmente aquellas que pueden afectar la superioridad aérea americana (y esto sin entrar siquiera a considerar los temas vinculados a armas nucleares, químicas o biológicas), puede colocar a las ya exigidas fuerzas armadas de EE.UU en una situación crítica si una crisis en el golfo Pérsico se presentara. Además, estos equipos aumentan la capacidad Iraní para coaccionar a sus vecinos o para seguir apoyando toda acción tendente a descarrilar cualquier posibilidad de paz entre israelíes y palestinos.
India, por su parte, un país con potenciales conflictos sociales de envergadura y con el conflicto fronterizo Indo-Pakistaní en plena ebullición, se embarca de lleno en construir lo que su propio ministro de Defensa denominó unas fuerzas armadas que estén entre las mas poderosas del mundo, no sólo en términos cuantitativos, sino por la calidad de sus equipos. Y lo hace de la mano de Moscú, conformando lo que podría ser un nuevo foco de poder regional y abriendo un interrogante más. ¿Cuál será la reacción de China ante estas realidades?
Cuando el Presidente Ruso, Vladimir Putin, visitó la India, el pasado mes de Octubre, el acuerdo firmado ayer, era sólo una posibilidad de futuro. Pero esta posibilidad se convirtió en realidad cuando en la ciudad rusa de Irkustk los representantes de ambos países concretaron el acuerdo de venta de armas y transferencia de tecnología más importante firmado por Moscú desde la desaparición de la URSS. Si bien la cifra exacta no se conoce aún, fuentes rusas señalaron que rondaría los 3.000 millones de dólares.
Así, la empresa “Hindustan Aeronautics Limited Corporation –HAL– recibe una “licencia amplia”. Ésta incluye todas las transferencias de tecnología necesarias para que India pueda manufacturar el avión de combate SU–30 en su versión mas actualizada conocida como MKI, incluyendo los motores AL-31fp con direccionador de empuje.
India ya posee 10 SU-30K merced a un acuerdo firmado en 1998, pero lo que se estipula ahora es no solamente la manufactura en suelo Indio de un aparato más moderno, sino la posibilidad de que ambos países desarrollen en común una quinta generación de este avión multipropósito. Obviamente, India comprará a Rusia todos los sistemas misilísticos que el aparato lleva, dando una importante inyección de cash a las siempre hambrientas arcas del tesoro moscovita.
La renovación del interés ruso por la India (ya un dato histórico) se reafirmó al asumir la presidencia Putin e iniciar una enérgica política de acercamiento. Ésta se traduce en, además de lo ya puntualizado, la venta de más de 300 blindados pesados T-90 y la entrega a la India del portaeronaves de 30.000 toneladas “Almirante Goshkov”, teóricamente donado, pero cuya puesta al dia se hace en astilleros rusos con un costo aproximado de 700 millones de dólares, esto sin contar los aviones y helicópteros que los indios comprarán como dotación de la nave.
Mientras tanto, el ministro de Defensa Ruso, después de tres días de reuniones en Teherán (la primera visita de un ministro de Defensa de Rusia desde la revolución iraní de 1979), anunció que Rusia e Irán expandirán la cooperación militar bilateral. Pocas semanas antes, Moscú había comunicado a Washington que rescindía los acuerdos de 1995 por los que se comprometía a no vender armas al régimen de Teherán.
En una conferencia de prensa conjunta ruso-iraní, el ministro de Defensa, el general Igor Sergeyev, aseveró que la cooperación militar ruso-iraní no es una amenaza para terceros países y que promoverá la paz y seguridad en el Asia Central. Entre 1996 y 1999, Irán ya compró más de 4.000 millones de dólares en equipos rusos: blindados, aviones de combate, sistemas de defensa antiaérea, submarinos y bombarderos son parte de la panoplia adquirida. Merced al alza del precio internacional del crudo, Irán cuenta ahora con la liquidez necesaria para encarar la reparación de algunos equipos provenientes de la era soviética y la adquisición de nuevos materiales.
Para Rusia, la relación con Teherán resulta clave. No solo por su proyección geopolítica sobre el golfo Pérsico, sino también como una forma de minimizar los problemas que le puede generar el fundamentalismo islámico, tanto por parte de los talibanes en Afganistán como por los grupos que aún pelean en Chechenia y su vecindad.
Para la nueva administración de G. W. Bush, si bien ninguno de los acuerdos reseñados representa una amenaza inmediata, cuando se les analiza en su conjunto conforman dos claros problemas para Washington. Del lado iraní, que este país, al que Estados Unidos sigue viendo como un factor de desestabilización regional, adquiera armas sofisticadas, particularmente aquellas que pueden afectar la superioridad aérea americana (y esto sin entrar siquiera a considerar los temas vinculados a armas nucleares, químicas o biológicas), puede colocar a las ya exigidas fuerzas armadas de EE.UU en una situación crítica si una crisis en el golfo Pérsico se presentara. Además, estos equipos aumentan la capacidad Iraní para coaccionar a sus vecinos o para seguir apoyando toda acción tendente a descarrilar cualquier posibilidad de paz entre israelíes y palestinos.
India, por su parte, un país con potenciales conflictos sociales de envergadura y con el conflicto fronterizo Indo-Pakistaní en plena ebullición, se embarca de lleno en construir lo que su propio ministro de Defensa denominó unas fuerzas armadas que estén entre las mas poderosas del mundo, no sólo en términos cuantitativos, sino por la calidad de sus equipos. Y lo hace de la mano de Moscú, conformando lo que podría ser un nuevo foco de poder regional y abriendo un interrogante más. ¿Cuál será la reacción de China ante estas realidades?
