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Verdades amargas

La principal propiedad de la prosa diplomática consiste en sugerir verdades o semiverdades, aunque sean amargas. Y eso, sin que el potencial lector o lectores se incomoden. Nunca se sabe qué destino tiene este tipo de despachos, quién puede meter las narices en este archivo y qué ocurrirá al cabo de los días, o de los años, con estos textos de circunstancias. A veces, los despachos del señor embajador llegan a donde no debían y son leídos por quienes no debieran.

El texto que resume Libertad Digital demuestra sobradamente ambas cosas. Y aunque no dice nada sensacional ni que se ignorase (la corrupción gubernamental mexicana, la jaula de grillos que son los tres partidos parlamentarios, las extrañas estrategias populistas y mesiánicas del presidente Fox) se mete en unos berenjenales peligrosos con escaso tino diplomático, lo que sin duda hay que agradecer.

Ojalá ese lector ajeno y lejano que se ocupa en el Palacio de Santa Cruz de los asuntos mexicanos haya aprovechado al máximo este informe de 25 páginas tan interesante como espeso. No siempre sucede así, porque muchos de estos informes reservados nadie los lee aunque se archiven cuidadosamente. En el ministerio de Exteriores falta dramáticamente personal y así, sin medios y con escasos funcionarios, es muy difícil hacer política exterior aunque se hinche pecho y se sonría a los fotógrafos.

Por de pronto, ya sabemos algo: de la representación española en México no emanan vulgaridades protocolarias sino documentos de seriedad dudosa. Es una buena noticia aunque no sea una gran noticia.

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