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Tomadura de pelo

Con una insistencia poco comprensible, la Fiscalía rusa emitió una nueva orden internacional contra el oligarca ruso-israelí, Vladimir Gusinski. Como buenos alumnos de la escuela del GULAG, han tenido paciencia para esperar y asestar el golpe en el momento más “oportuno”: Gusinki, eufórico, vino a Madrid desde su residencia en Sotogrande (Cádiz) para recuperar su pasaporte retenido por la Audiencia Nacional. ¡Por fin libre! ¡Por fin puede moverse! Ha sido, sobre todo, un golpe psicológico. Eso es lo que, al parecer, pretendía la fiscalía rusa.

“El hombre está hundido, le van a matar… esto es incomprensible… quieren acabar con él…se burlan de mi cliente”, comenta a Libertad Digital el abogado de Gusinski, Domingo Plazas. Por el auricular se oye la voz entrecortada del mismo Gusinski explicando a su mujer, por otro teléfono, sus nuevas desgracias.

Es de recordar que, en los últimos diez meses, Gusinski ha sido tres veces detenido y tres veces encarcelado: pasó por la temible cárcel moscovita de “Butirka”, y luego, en España, por Soto del Real y Valdemoro. En las cárceles españolas estuvo semanas absolutamente sólo, sin posibilidad de comunicarse con nadie. La fiscalía rusa le dejó salir libremente a España el pasado mes de julio. El 12 de diciembre vinieron por él los policías españoles cumpliendo la orden internacional de busca y captura.

Dicen que no ha devuelto el crédito y que ahora también es culpable de blanqueo de dinero. Supongamos que tienen razón. Pero, ¿será el delincuente más peligroso de Rusia, reino de las mafias y de la corrupción? ¿Y qué pasa con el antiguo intendente del Kremlin, Pavel Borodin? En Rusia cualquier niño sabe que Borodin es corrupto, que cobró comisiones millonarias por la reforma del palacio del Kremlin. Pero las autoridades rusas no quieren “saber” nada de eso y recientemente pagaron una cuantiosa fianza para recuperarle de la fiscalía suiza.

Y es que hay una gran diferencia entre estas dos personas. Gusinski no es amigo del presidente Putin. Es su crítico. Y a Borodin, el mandatario ruso le debe su carrera kremliniana. Por supuesto, no pretendemos ni defender, ni acusar a nadie. Nos interesa sólo el aspecto humano del caso. Gusinski no representa un peligro social. Y más, sus medios rusos hipotecados ya están en manos de la empresa estatal rusa “Gasprom” que le dio el préstamo. Así que, ya no debe nada a nadie. ¿Qué más quieren de él?

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