Menú

¿Quién escondió el IVA?

En 1985 el gobierno de Miguel de la Madrid escondió el IVA a los ojos de los consumidores. El gobierno quería ocultarle a los ciudadanos la carga fiscal. Son por fortuna otros tiempos: el IVA debe volver a ser transparente para los consumidores.

“Ojos que no ven, corazón que no siente”. Esa, al parecer, fue la estratagema que quiso instrumentar el gobierno de Miguel de la Madrid en agosto de 1985 cuando promovió esconder el impacto del IVA a los ojos de los consumidores, de forma que estos no pudiesen calcular cuánto estaban aportando, en cada transacción, al funcionamiento del aparato gubernamental.

La historia del IVA en México, un impuesto que apenas cumplió su mayoría de edad (21 años) el pasado mes de enero, podría caracterizarse, salvo episodios aislados, como la historia de un impuesto que se ha ido echando a perder, a causa de la demagogia de los gobiernos.

En su origen, el IVA era un impuesto general, de tasa única de 10 por ciento, sencillo de aplicar y con alto potencial recaudatorio. Muy pronto, sin embargo, el concepto original de un impuesto moderno y eficaz se fue ensuciando con tratamientos especiales, excepciones, exenciones y tasas diferenciadas –que dieron en su momento un rendimiento político, pero que fomentaron la elusión fiscal y dañaron la capacidad recaudatoria del impuesto.

Para el anecdotario están episodios como la demagógica decisión de que las compras en las tiendas sindicales –gesto de insultante discriminación contra los ciudadanos libres– quedaran exentas del impuesto o el descabellado intento de gravar con tasas altas los artículos suntuarios –lo que no sólo desplomó la recaudación, sino que desalentó la producción interna y fomentó el contrabando.

Una de las manchas más significativas en la historia del IVA fue cuando el gobierno de Miguel de la Madrid, temeroso al parecer del escrutinio público, decidió ocultar el impuesto para evitar que el ciudadano hiciese cuentas y exigiese resultados a su incómodo socio obligatorio: el gobierno.

La ley original del IVA (que data del 29 de diciembre de 1978, aunque el impuesto entró en vigor el 1° de enero de 1980), obligaba en su artículo 32 a que en toda operación gravada con el IVA se expidieran documentos comprobatorios que señalasen expresamente el Impuesto al Valor Agregado trasladado a quien adquirió los bienes o servicios gravados.

La ley indicaba que esta documentación con el monto del IVA expresamente señalado incluía “al consumidor final” y que dichos documentos comprobatorios deberían expedirse a más tardar a los 15 días de realizada la transacción.

Fiel a su “estilo” de escatimar a la sociedad libertades e impedir el escrutinio público sobre la actuación del gobierno, el régimen de Miguel de la Madrid promovió modificar la fracción III del artículo 32 de la ley del IVA indicando que “en operaciones con el público en general” el impuesto se incluyese en el precio de los bienes, sin señalar su monto. La intención obvia era ocultar la carga fiscal a los ojos del consumidor; en otras palabras: que el ciudadano concentrase su molestia o enojo por los altos precios (eran tiempos de muy alta inflación) en el vendedor o en el prestador de servicios, dejando en la sombra la responsabilidad del gobierno.

No fue poca cosa esa operación para ocultar el IVA. Confirmaba que, para los gobiernos del PRI, los ciudadanos no éramos tales sino súbditos.

Hoy, por fortuna, tenemos un poder ejecutivo que casi todos los días tiene que defender su proyecto de reforma fiscal ante la opinión pública, esforzarse por persuadir y convencer. Algunos desmemoriados han llegado a decir que el afán del gobierno de Vicente Fox por “vender” la reforma en la hacienda pública tiene matices autoritarios. Deben haber nacido ayer o padecer amnesia: autoritarismo es gobernar de espaldas a los ciudadanos, como en el ya lejano 1985.

Por desgracia se persiste en ocultar el IVA, lo que además propicia una profunda ignorancia sobre los alcances reales que hoy tiene ese gravamen. ¿Cuántos mexicanos saben que pagan una tasa de 15% de IVA al comprar unos sencillos zapatos y que no pagan nada, tasa cero de IVA, si por azar llegan a comprar un filete de salmón importado? Muy pocos, porque en el precio de las mercancías está oculto el impuesto, sea éste de la tasa que sea.

Ojalá el Congreso sepa ponerse a tono con los nuevos tiempos de transparencia fiscal y rescate el espíritu original de la ley del IVA: que el consumidor conozca con claridad cuánto está pagando por cada producto y servicio y cuánto está pagando de impuesto. Ya es hora de saber para juzgar.

© AIPE

El mexicano Ricardo Medina Macías es analista político.

En Internacional

    Servicios

    • Oro Libertad
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida