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Dime con quién andas...

Mientras el presidente Putin está liando a la UE y la OTAN con sus técnicas kagebistas, esforzándose en demostrar que es el mejor aliado de Occidente en la lucha antiterrorista, su brazo derecho y amigo personal, Serguey Ivanov, estrecha los lazos con uno de los países que patrocina el terror.

Por supuesto, no se trata sólo del deseo de vender armas y forrarse con el dinero iraní. Rusia e Irán son socios estratégicos. A pesar de las hostilidades que han mantenido a lo largo de la historia, están acostumbrados a repartirse las esferas de influencia en la zona, especialmente para no dejar entrar en ella a los forasteros, es decir, a los occidentales.

Además, Rusia utiliza sus relaciones previlegiadas con Irán, China, Corea del Norte y las repúblicas ex-soviéticas de Asia Central para chantajear con la posible creación de un bloque anti-OTAN. Y no le importa nada que Teherán apoye a ciertos grupos terroristas –por ejemplo, al Hizbolá libanés– ni que pregone las mismas ideas que Osama Ben Laden. La única diferencia consiste en que el régimen integrista iraní, por el momento, restringe la zona de su “yihad” y promociona el terrorismo sólo en Oriente Medio y en las relaciones con su propia oposición, refugiada en Europa.

Lo más curioso es que Moscú no para de decir últimamente que Teherán es su “mejor aliado en la lucha contra el terrorismo internacional”. Pero ni los mismos rusos creen en la buena voluntad de los ayatolás. El periódico moscovita “Grani” escribe que el negocio ruso-iraní puede hacer fracasar todos los esfuerzos de Putin en su intento de persuadir a Europa sobre su lealtad respecto a los valores del mundo civilizado.

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