Ya hay fechas para la reunión entre los ministros de Asuntos Exteriores de España y Marruecos, aunque no está claro qué día será, si el 23 o el 26, fechas opcionales sugeridas por la parte marroquí. El 27 se celebran en el reino cherifiano elecciones legislativas, y de estas elecciones podría depender el futuro del Mohamed Benaisa, el incómodo ministro de Exteriores a quien se da por dimitido tras los comicios, aunque es sabido que los llamados ministros de Estado (Exteriores es uno de ellos) no los nombra el primer ministro sino el rey. La verdad es que el momento escogido es el peor, pero la ministra Ana Palacio se agarra a un clavo ardiendo convencida, bendita ilusión, que cuanto más ceda más fácil será el trato con los marroquíes. La experiencia demuestra que suele suceder lo contrario.
Todavía no está claro si los marroquíes, en el último momento, acudirán o no porque entre sus exigencias estaba la inclusión en el orden del día del contencioso de Ceuta y Melilla, algo a lo que España se niega tajantemente. No se excluye, pues, una espantá. Hay otros indicios letales. En primer lugar, el problema de la emigración ilegal, que en las últimas semanas adquirió caracteres escandalosos. El número de “pateras” y motoras cargadas de carne humana ha crecido espectacularmente en los estrechos del Sahara-Canarias y Gibraltar. Sucede todos los veranos, pero esta vez se han superado todos los límites. Aunque Marruecos niega cualquier relación con este tráfico infame, no cabe duda que estas expediciones se organizan en su territorio, salen de su territorio y son gestionadas por ciudadanos marroquíes. La connivencia, cuando no la complicidad de las autoridades marroquíes, es evidente; aunque eso no signifique que también existan otras complicidades. Otro de los contenciosos, la pesca, se ha venido agravando en los últimos meses. Son casi una decena los barcos españoles capturados en el banco sahariano por patrulleras marroquíes. Se les acusa de pescar en zona prohibida o sin licencia. Los armadores españoles arguyen que se trata de pesqueros en tránsito hacia sus bases de Canarias y que procedían del banco mauritano donde faenaban con permiso.
Está también el problema del Sahara. España no cambiará de postura con respecto a un contencioso que tiene ya 27 años de antigüedad. El gobierno español sigue creyendo que es necesario celebrar un referéndum para que, por fin, la población de la ex colonia se pronuncie sobre su futuro. A Marruecos eso no le gusta, desearía que España avalara como ex potencia colonial el llamado Plan Baker que prevé una autonomía para el territorio como paso previo a su inclusión en la soberanía marroquí. Es poco probable que España cambie de opinión y que los marroquíes acepten de buena gana lo inevitable. Se dijo estos días que la reunión Palacio-Benaisa sería el primer paso para el regreso de los embajadores. No será así. Sólo si la reunión es un éxito, los embajadores volverán. Y si no vuelven es que las cosas siguen igual, es decir, mal. Los presagios son negros, para qué vamos a engañarnos.

Malos presagios
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