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El rey y el príncipe rojo

Pocos esperaban que el periodista Ali Lmrabet levantase su huelga de hambre (¡un mes y medio de abstinencia!) por mediación del principe Muley Hichan, primo carnal del rey Mohamed VI y tal vez su peor enemigo en los rangos familiares.

Hichan, a quien algunos llaman en Estados Unidos de forma impropia “el príncipe rojo”, fue el encargado de anunciar el fin de la huelga de hambre tras haber mantenido una conversación “de militante a militante” con Lmrabet.

La súbita reaparición del principe Muley Hichan –exiliado en Estados Unidos desde enero del 2002, huyó de su país acusando a su primo de “acoso policial”– al lado de uno de los críticos más feroces del régimen cherifiano, el secretario general de Reporteros Sin Frontera, André Menard, es susceptible de varias interpretaciones.

Se dice que “neutralizó” a Lmrabet por orden o sugerencia de su primo porque el asunto estaba alcanzando resonancia mundial y tiraba por tierra la tesis, atractiva pero poco realista, de que la transición marroquí a la democracia agonizaba.

Se dice también que el príncipe aprovechó la oportunidad para reaparecer bajo los focos tras varios meses de silencio, también pactado con su primo. Pero no hay datos suficientes para beneficiar una u otra hipótesis, que por otra parte no son contradictorias. Algunos creen en Marruecos que Hichan fuera del país es más peligroso para el régimen que en el interior del país y en el seno o en las proximidades de la familia real. El problema estriba en que las relaciones personales entre los dos primos son pésimas y no se hablan desde hace años. Pero ¿quién puede asegurarlo? En Marruecos, las cosas de Palacio se procesan en medio de un secretismo estricto.

Muley Hichan es un tipo ambicioso, culto y bien formado. Y, también, muy rico. Ha heredado la fortuna de su padre, el ya fallecido príncipe Muley Abdallah (único hermano de Hassan II) y de su madre, una princesa libanesa . Sus enemigos le acusan de haber mantenido en el pasado contactos con la corriente más radical del islamismo marroquí, la que encabezan el “sheik” Yassin y su hija, Nadia, autodenominada “Justicia y Caridad”.

Los partidos políticos tradicionales –nacionalistas del Istiqlal y socialistas de la USFP– han preferido no mantener contactos con este singular personaje. Ya los servicios especiales del reino, dirigidos por el poderoso Hamidu Laanigri, lo vigilan permanentemente tanto en su país como en su exilio.

El príncipe apuesta por un país democrático, donde se respeten los derechos humanos y las libertades, sin discriminaciones ni corrupción. Y sin las desigualdades insultantes que caracterizan al reino. En las actuales circunstancias no parece que el “príncipe rojo·” haya escogido el mejor momento para regresar. Desde los sangrientos atentados de Casablanca, las tesis de quienes se oponen a una evolución democrática radical han ido perdiendo terreno. No sería de extrañar, pues, que Muley Hichan se exiliara por segunda vez a Estados Unidos, donde dirige una Fundación y da clases de relaciones internacionales. Muchos lo desean en la periferia de su real primo.


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