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Óscar Elía

Esperpento en la OTAN

Estados Unidos asocia hoy día a España con la incertidumbre, los problemas y la irrelevancia.

Estados Unidos asocia hoy día a España con la incertidumbre, los problemas y la irrelevancia.

Al presidente de los Estados Unidos accede quien puede, no quien quiere. Quien puede tiene algo importante que ofrecer a Washington. Pueden las grandes potencias o las potencias a secas, sean amigas o no –Turquía–; y los aliados estrechos, fieles, tradicionales y previsibles, sean potencias o no –los países bálticos, por ejemplo–. El resto mendiga un encuentro, un cruce, una recepción tasada en minutos. Es lo que ha pasado este lunes en Bruselas.

Nadie ignora que la Moncloa quiere acceder a Biden con el interés puesto en la propaganda y en los efectos que la publicidad pueda generar en la política doméstica española. El objetivo es tan burdo y la maniobra tan zafia, que ha de contrastar con el desinterés que suscita España en la Casa Blanca, como ha quedado de manifiesto en el esperpéntico episodio bruselense.

Estados Unidos asocia hoy día a España con la incertidumbre, los problemas y la irrelevancia. La inestabilidad política que arrastramos desde 2004 hace muy difícil ver en nuestro país un aliado seguro y predecible, más aún con un Gobierno trufado de comunistas y apoyado por grupos radicales, violentos y filoterroristas. Por mucho que el PP busque una política exterior aseada cuando llegue al poder, no es difícil entender que a un país que da tales bandazos se lo quiera mantener alejado de cualquier asunto internacional importante.

España es un problema en términos económicos. Entra en agenda periódicamente cuando se sumerge en crisis que amenazan la Zona Euro y la economía de las democracias occidentales. La famosa llamada de Obama a Zapatero fue harto elocuente. Cuando lo que más cuenta en la arena internacional es la capacidad de recuperarse del mazazo de la crisis covid, ¿cómo no ver en la España mendicante un problema y no una solución?

En cuanto a la irrelevancia, en términos diplomáticos y estratégicos España no cuenta a la hora de afrontar las grandes cuestiones. No hay nada en términos militares que España pueda aportar a Estados Unidos que no puedan aportar una docena de países que, entre otras cosas, dedican a defensa un porcentaje del PIB muy superior. Resulta enternecedor ver al Gobierno sacar pecho por las bases militares que vienen de la época de Franco, o hablar de Hispanoamérica mientras la DEA investiga en nuestro propio territorio.

En fin, descontado Londres, de entre nuestros aliados europeos siguen siendo Francia y Alemania los dos polos permanentes de atención de Washington; y, en términos coyunturales, ahí están los países del Este, que despliegan una diplomacia propia y exhiben un atlantismo que España abandonó hace tiempo –si es que alguna vez llegó a hacerlo realmente suyo–. Con los gobernantes de los países bálticos sí que se ha reunido Biden de verdad.

Sólo un puñado de mandatarios se han visto con Biden esta semana. Lo ridículo del caso radica en la ansiedad de Sánchez y sus publicistas monclovitas por lograr la foto con el inquilino de la Casa Blanca, que les ha llevado a acechar y emboscar a un Biden que, entre sorprendido y aturdido, no parecía saber quién era el tipo que le hablaba sin parar, y al que no oía o no entendía. Por suerte, sus asesores y el protocolo de la OTAN le quitaron de encima al locuaz personaje.

Lo dicho: qué esperpento.

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