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Pablo Planas

Los GAL y el español Puigdemont

Si Puigdemont fuera ruso y hubiera liado allí la que lió en España, más vale no pensar cuál habría sido su suerte, dada la afición postsoviética al polonio.

Si Puigdemont fuera ruso y hubiera liado allí la que lió en España, más vale no pensar cuál habría sido su suerte, dada la afición postsoviética al polonio.
Carles Puigdemont, a su salida del Tribunal de Apelación de Sassari (Cerdeña). | EFE

Una de las grandes ventajas de que disfruta el prófugo Carles Puigdemont es que es español en vez de, por ejemplo, ruso. Precisamente Rusia es uno de los países en los que el independentismo ha vendido con más insistencia su burra, en la esperanza de que el Gobierno de Putin apreciara en Cataluña una oportunidad de negocio para agudizar el caos en la Unión Europea. Enviados como Josep Lluís Alay, el pintoresco director de la oficina de Puigdemont, se podían haber ahorrado los viajes a Moscú, donde conocían perfectamente lo que estaba ocurriendo en España ante la mirada bovina de Mariano Rajoy. Tenían informantes propios y habían dedicado abundantes recursos propagandísticos a jalear el separatismo. Por ejemplo, buena parte del falso relato sobre la escrupulosa y democrática actuación policial durante el referéndum ilegal del 1 de octubre lleva la firma rusa.

Contra lo que pueda creer una mayoría de los independentistas, no hay una corriente de simpatía entre Rusia y Cataluña ni existe un reconocimiento por parte de los camaradas moscovitas de las presuntas especificidades catalanas. A los tovariches del Kremlin les importa una mazorca Cataluña, que en su composición del mundo es una mera protuberancia geográfica de la península ibérica. Otra cosa es que los independentistas se crean el centro del mundo y piensen, que lo piensan, que no sólo en Rusia están pendientes de sus discursos, sino en el mundo entero.

El caso es que Puigdemont tiene mucha suerte de no ser ruso y más aún de ser español, lo que le permite deambular por determinados países (Bélgica, Francia, Alemania y ahora Italia) haciéndose pasar por un exiliado perseguido por una dictadura implacable, más cruel que la de Turquía, más sanguinaria que la de China y más ciega que la de Corea del Norte. Y hay gentes y estamentos que le compran la bacalada porque hay estamentos y gentes que se creen que en España quien no torea canta. Es lo que tienen los tópicos más la Leyenda Negra: que pica hasta el Papa.

Si Puigdemont fuera ruso y hubiera liado allí la que lió en España, más vale no pensar cuál habría sido su suerte, dada la afición postsoviética al polonio. De ahí que no se entienda a santo de qué sacó a colación el tema de los GAL y un hipotético secuestro de su persona en la rueda de prensa que celebró en Cerdeña. Menos mal que en Italia están curados de espanto. Pero no estuvo bien Puigdemont. No señor. No se puede acusar así al Gobierno que te deja campar a tus anchas, al Gobierno que maniobra para que no te extraditen, al Gobierno que torpedea al Tribunal Supremo con la Abogacía del Estado, al Gobierno que ha indultado a tus colegas y que sólo espera que vuelvas a España para indultarte a ti también; un Gobierno, en suma, que ha mejorado las prestaciones del que te dejó escapar metido en un maletero.

Muy mal, Puigdemont. Así no. ¿En qué otro país del mundo gentuza con el pasado de tu amigo Otegi se pasea tan a su antojo por las instituciones? Tu amigo Otegi y tus amigos de Terra Lliure, algunos de ellos detenidos en el 92 por el entonces juez Garzón mientras tú te ibas de año sabático. Por no hablar de tu letrado, Gonzalo Boye, condenado a catorce años por el secuestro de Emiliano Revilla.

Ahora dicen tus palmeros que pronto regresarás a España, que lo harás por la puerta grande. Alfombra roja para un freedom fighter. Afirman que los tribunales europeos te darán la razón y podrás entrar y salir de España a tu bola. Pudiera ser. La complicidad del Gobierno de Sánchez es mano de santo para desactivar las euroórdenes y reconocer tu impunidad, perdón, inmunidad.

Mientras tanto, los medios de orientación catalanista se han olvidado de informar a su audiencia del abono de novecientos euros en un prostíbulo de Berlín con una tarjeta vinculada a la sociedad que corre con los gastos de Puigdemont. Sucedió en mayo de 2018, cuando el prófugo estaba a la espera de la decisión del tribunal de Schleswig-Holstein sobre su extradición tras haber pasado dos semanas en una cárcel germana a cuerpo de rey.

Qué suerte ser español, Puigdemont. Eso del prostíbulo en el Reino Unido te cuesta el puesto.

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