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Emilio Campmany

Ximo Puig: a Sánchez, que le den

En este momento, cada cual corre hacia donde cree que encontrará los votos que las políticas del Gobierno les hacen perder.

En este momento, cada cual corre hacia donde cree que encontrará los votos que las políticas del Gobierno les hacen perder.
Ximo Puig, presidente de la Generalidad de Valencia, en sesión de control de las Cortes de Valencia el 7 de abril de 2022 | Europa Press

Ximo Puig era socialista viejo y sin darse cuenta se ha convertido en neoliberal. Debería llevar cuidado porque se empieza bajando impuestos a las rentas más bajas y se acaba liberalizando la economía. De ahí a condenarse a penar en el infierno capitalista hay un paso. Para empezar, el valenciano miente cuando dice que le va a bajar los impuestos "sólo" a las rentas más bajas. Lo hace también a las rentas más altas por dos vías, incrementando las deducciones un diez por ciento, que son para todos, y rebajando los impuestos a todos los tramos hasta los sesenta mil euros, lo que supondrá una rebaja para los primeros sesenta mil que ganen los ricos. Mal andamos si siendo socialista bajamos los impuestos a los ricos, pero peor vamos si lo hacemos sin saberlo o, como es más probable, mintiendo cuando decimos que no lo estamos haciendo.

La propuesta del socio de Mónica Oltra se presenta como la alternativa socialista a las bonificaciones que las comunidades autónomas del PP se proponen hacer o ya hacen en el impuesto de patrimonio. Y Puig farda de que, en Valencia, como buenos socialistas, el impuesto se seguirá cobrando "a los ricos". Sin embargo, ninguno explica por qué en España ha de subsistir este impuesto cuando apenas lo hace en el resto de Europa. Es más, no explican por qué del mismo no quedan excluidos los inmuebles, cuyos propietarios ya pagan un dineral todos los años por el IBI, lo que significa que, en las comunidades como Valencia, vuelven a pagar en el impuesto de patrimonio por el mismo hecho imponible, a saber, el ser propietario de un inmueble.

Tampoco explica Puig, ni lo hará Sánchez, por qué, si en España los impuestos están pensados para quitarle dinero a los ricos y dárselo a los pobres, el Gobierno le da 130 millones de euros a una fundación de Bill Gates, uno de los hombres más ricos del mundo, ni por qué, cuando subvencionan renovables, no exigen que las empresas subvencionadas sean pobres, ni si es que los productores de cine a quienes financiamos sus bodrios lo hacemos porque están mendigando en las calles o si cuando pagamos el Falcon a las ministras de Podemos es porque las pobres no tienen dinero con qué pagarse sus viajes o si cuando financiamos asociaciones que defienden determinadas ideas lo hacemos porque son pobres o por las ideas que defienden o si vamos a dejar de financiarlas cuando se hagan ricas o si los cerca de mil asesores que el Gobierno ha contratado lo ha hecho porque son pobres y se quiere que dejen de serlo al menos ellos.

Lo más gracioso de la movida de Ximo Puig es lo descolocado que ha dejado a sus correligionarios del Gobierno haciendo lo contrario que dice éste que hay que hacer, bajar impuestos y ajustarlos a la inflación. Es divertido ver lo poco que dura la solidaridad socialista cuando llegan las elecciones. En ese momento, cada cual corre hacia donde cree que encontrará los votos que las políticas del Gobierno les hacen perder. Y a Sánchez, que le den.

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