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Pablo Molina

'É un mondo difficile'

La extrema izquierda 'destepaís' ve en Italia lo que se le avecina en poco más de un año, si es que Sánchez no decide antes expulsarla del poder.

La extrema izquierda 'destepaís' ve en Italia lo que se le avecina en poco más de un año, si es que Sánchez no decide antes expulsarla del poder.
Pablo Echenique en el Congreso de los Diputados | EFE

He leído con sumo interés los análisis de los grandes medios de comunicación sobre la victoria del partido de Georgia Meloni en Italia, circunstancia funesta que a todos debe inspirarnos pavor, y debo decir que no me han convencido.

Qué decir de la izquierda realmente existente, que anda también tocando a rebato por unos resultados que vaticinan un retroceso de los avances alcanzados en calentología global e ideología de género pero, sobre todo, anuncian la tragedia verdaderamente monstruosa de que, con unos resultados similares en España, cientos de comunistas bien instalados perderían el sueldo y el coche oficial.

Los archimandritas de la chusmita pijorroja han puesto en marcha otra alerta antifascista y andan hiperventilando por las tertulias ante el hecho de que los italianos no han votado lo que a ellos les gusta. Las elecciones del pasado domingo, en última instancia, solo demuestran que en Italia hay más de 7 millones de fascistas que permanecían emboscados hasta que nuestros progres los han detectado.

El problema para la izquierda es que el programa electoral de Fratelli d’Italia es una apuesta por la sensatez política y la prudencia económica, dos principios que saltan por los aires en cualquier país cuando la ultraizquierda llega al poder.

Para estudiar las medidas del programa electoral con el que Georgia Meloni ha alcanzado la victoria acudo a un medio de exquisita neutralidad: la página web de La Sexta. Allí podemos leer que:

De los 25 puntos que forman el programa electoral de Hermanos de Italia, las medidas sobre la familia y el apoyo a la natalidad abren el documento. Así, la formación propone aumentar la prestación por hijo, así como la reducción del IVA en los productos para la infancia. También incorporan la gratuidad en las guarderías y un aumento de plazas en escuelas primarias.

A continuación, se desgranan otra serie de medidas para favorecer la compra de la primera vivienda a los jóvenes, reducir la presión fiscal, subir las pensiones y rebajar la edad de jubilación. También se incide en la necesidad de luchar contra las mafias de la inmigración ilegal y el desalojo inmediato de los que okupen viviendas particulares, medidas todas ellas razonables que han obtenido el apoyo mayoritario de los votantes italianos.

A la ultraizquierda española, aplaudida por los medios afines y financiada por el IBEX 35, le gustaría que solo pudieran gobernar los partidos que creen en el apocalipsis climático, promueven la transexualidad temprana y aplican el programa de la Agenda 2030. Lo que ocurre es que la gente normal piensa lo contrario y, claro, luego vota lo que vota.

Como solía repetir el insigne filósofo Ricardo Boquerone, è un mondo difficile. En efecto, lo es; pero mucho más para la extrema izquierda destepaís, que ve en Italia lo que se le avecina en poco más de un año, si es que Sánchez no decide antes expulsarla del poder.

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