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Emilio Campmany

El buen malversador

Malversar dinero publico aprovechando que se administra puede ser mucho más grave cuando el fin es distinto al lucro personal.

Malversar dinero publico aprovechando que se administra puede ser mucho más grave cuando el fin es distinto al lucro personal.
Oriol Junqueras junto a Gabriel Rufián. | EFE

La reforma exprés del Código Penal que se propone llevar a cabo Pedro Sánchez parece que va a incluir una rebaja de las penas por malversación para que Oriol Junqueras pueda presentarse a las próximas elecciones en Cataluña. Lo primero que se les ocurrió fue la rebaja pura y dura, pero enseguida se dieron cuenta de que beneficiaría, aparte de a Junqueras y demás golpistas de la Esquerra, a un buen puñado de corruptos, incluidos muchos del PP. Entonces idearon que la disminución de la pena fuera sólo para aquellos que, no obstante haber distraído fondos públicos, lo hubieran hecho sin haber experimentado lucro personal, que a los golpistas les gusta fardar de que ellos nunca delinquen en beneficio propio sino por motivos altruistas. Esta solución resultaba muy conveniente porque, además de favorecer a los del golpe, evitaría la cárcel a José Antonio Griñán, una bellísima persona que no se quedó ni con un céntimo de lo que robó. A mucha gente le parece esto muy bien. Hasta Margarita Robles, que se supone que sabe Derecho Penal, defiende esta solución.

Sin embargo, malversar dinero publico aprovechando que se administra puede ser mucho más grave cuando el fin es distinto al lucro personal. A fin de cuentas, quien roba para sí no hace más perjuicio que el económico. Pero quienes, como los independentistas, robaron para intentar un golpe de Estado con ese dinero hicieron mucho más daño que el que provoca una merma en los recursos públicos. Le pasa lo mismo a Griñán. Si se hubiera quedado con el dinero, el perjuicio no habría sido más que material. Pero, destinándolo a comprar votos y levantar un sistema de clientelismo político alterando el normal resultado de las elecciones en Andalucía, cometió un atentado mucho más grave del que habría supuesto robar unos millones y nada más. En definitiva, con el dinero robado, Griñán y otros compraron la conservación del poder político para sí y su partido, el PSOE. Eso es peor que habérselo gastado en caprichos. No, que falte el lucro personal no tiene por qué hacer más perdonable la malversación. Al contrario, la mayoría de las veces los fines a los que últimamente se destina el dinero la hace moralmente más grave.

Sin embargo, los malversadores que quieren ver rebajada su pena no han hecho estas reflexiones, pero han hecho otras que les han obligado a plantearse de nuevo la cuestión. Se han dado cuenta que los de la Kitchen están igual que ellos, que no destinaron el dinero robado al lucro personal, sino a tratar de destruir las pruebas del caso Bárcenas y se beneficiarían igual que ellos de la sustancial reducción de pena que Esquerra Republicana pretende. Nada, al final habrá que hacer lo que dice Rufián, una reforma "quirúrgica" en la que, para beneficiarse de la reducción de condena por malversación, haya que, además de no haber destinado el dinero al lucro personal, haberlo invertido en separar a Cataluña de España, tener la condición de militantes de Esquerra Republicana y llamarse Junqueras o ser amigo de uno que se llame así. A que esta reforma sí que le gusta a Rufián. Claro que sí. Y los demás, al trullo.

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