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Santiago Navajas

Unas pensiones Frankenstein

El desastre de la reforma de Escrivá ya empezó cuando penalizó los planes individuales de pensiones.

El desastre de la reforma de Escrivá ya empezó cuando penalizó los planes individuales de pensiones.
El Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá. | EFE

¿Qué es un sistema de pensiones? Una máquina del tiempo. Coges dinero del presente y lo llevas al futuro. Desde la perspectiva del futuro, aparece dinero guardado del pasado. Hasta aquí, lógico. El problema es cuando se mezclan churras individuales con merinas colectivas. Son generaciones tomadas como un todo las que llevan ese dinero del presente al futuro, de manera que se produce una redistribución intergeneracional. Aunque el sistema también podría ser configurado de manera que sirva de de redistribución intrageneracional. El primero, contributivo, lo inventó el conservador Bismark a finales del XIX. El segundo, asistencial, el liberal Beveridge a mitad del XX. Ahora el socialista Escrivá ha creado en este siglo XXI un monstruo, un mecanismo intra e intergeneracional a la vez que es un misil a la línea de flotación del sistema de pensiones que tenemos, típicamente bismarckiano. Del mismo modo que tenemos un gobierno Frankenstein, entre socialdemócratas y comunistas, también vamos a sufrir unas pensiones Frankenstein, con trozos de Bismarck y de Beveridge: "Bismarckridge".

De este modo, Escrivá va a acentuar la tendencia del sistema de pensiones para derivar en un esquema Ponzi obligatorio. O, mejor dicho, para sustituir lo que debiera ser un sistema de inversión en una parte más de la máquina de los impuestos. Para que no sucediera, la reforma del sistema tendría que ir en el sentido de una mayor racionalización en lugar del populismo por el que se está despeñando el gobierno socialista. Deberíamos mantener el sistema intergeneracional sin corromperlo con un sistema intrageneracional que debería corresponder a otras políticas estatales financiadas a través de impuestos. Tendríamos que reconvertir el sistema contributivo combinando la eficiencia, la característica del sistema obviada por la izquierda, con la justicia social, la ninguneada por la derecha.

Aquí es donde entra en juego el sistema sueco, la reforma del sistema socialdemócrata llevado a cabo por los liberales. La clave reside en introducir contribuciones individuales combinadas con cotizaciones colectivas, de modo que sea transparente cuánto proviene del esfuerzo propio y del colectivo. Teniendo una cuenta virtual acumulada sobre lo aportado en relación a la esperanza de vida futura se puede calcular cuánta cotización es necesaria en el presente. Siendo transparente, eficiente y generador de incentivos al ahorro, el sistema sueco de pensiones es todo lo contrario al populista, irresponsable y demagógico que ha perpetrado Escrivá aliado con los sindicatos regados de subvenciones.

De este modo, cabe establecer un sistema de pensiones en varios niveles. El más básico corresponde a pensiones no contributivas, financiadas con impuestos y que se puede cobrar a partir de los 65 años. Las contributivas se pueden empezar a cobrar antes, a partir de los 62. Estas se dividen en varios subapartados. Uno de ellos es un sistema de reparto en tiempo real en el presente que se refleja en cuentas virtuales ("nocionales") que crean derechos futuros. La actualización de las pensiones se realiza automáticamente respecto al incremento de los salarios, pero también respecto a la esperanza de vida y la previsión de ingresos. La sostenibilidad debería ser una línea roja para cualquiera con dos dedos de frente económicos y un par de escrúpulos morales.

El otro subapartado se vincula a una capitalización individual que se invierte en fondos de pensiones. El desastre de la reforma de Escrivá ya empezó cuando penalizó los planes individuales de pensiones, de manera similar a la leyenda de que Cortés hizo quemar sus naves para que no pudiera desertar. En este caso la analogía tiene que ver con las dificultades que el Estado Socialista de Bienestar (no confundir con el Estado Social de Bienestar) pone a cualquiera que pretenda sobrevivir de manera individual al naufragio colectivo.

El cambio en el sistema español para hacerlo sueco se podría hacer de manera gradual a partir de los nuevos pensionistas. Sería necesario además que el Estado enviase regularmente información sobre el valor actualizado de los derechos acumulados, de manera que cada contribuyente fuese consciente de cómo va el asunto de su jubilación, pudiendo tomar decisiones sobre ahorro complementario o retrasar o adelantar la jubilación de manera consciente. De nuevo, tener a los ciudadanos en la ignorancia es una estrategia de los burócratas para mantenerlos en la incertidumbre, la inseguridad y la servidumbre respecto a los "expertos", esa otra forma de denominar a los científicos vendidos al poder. ¿Recuerdan cuando Rajoy iba a mandar esta información a todos los contribuyentes? Bueno, también prometió que los impuestos bajarían y que el referéndum de Cataluña no se iba a realizar… Hay que reconocerle la coherencia en el engaño y a sus votantes en las tragaderas.

Pedro Solbes acaba de fallecer y reconoció que su mayor error fue haberse dejado chantajear por el ignorante, demagogo y populista José Luis Rodríguez Zapatero. Dentro de unos años, Escrivá también llorará porque no debió dejarse atrapar por el gobierno social-comunista de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz. Y así, de error en error, de lágrimas en lágrimas, nuestros males no tienen remedio, porque lo que empiezan los socialistas del PSOE lo rematan los socialistas del PP.

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