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Cristina Losada

En el limbo de las intenciones

De dar crédito a los milagros que el Gobierno y sus socios dicen que va a obrar la ley de vivienda, por qué no fue lo primero que hicieron.

De dar crédito a los milagros que el Gobierno y sus socios dicen que va a obrar la ley de vivienda, por qué no fue lo primero que hicieron.
Pedro Sánchez. | Europa Press

Nada puede salir mal con esta ley de vivienda. Por eso se aprueba en la última vuelta del camino. No hay tiempo suficiente para que pueda desplegar todos sus efectos nocivos, pero sí lo hay para pasearla por todos los mítines, cosechar aplausos de los propios y encandilar a los que se dejen, que serán los que crean en la política mágica y donde hay una ley aprobada, ven una solución al problema. De dar crédito a los milagros que el Gobierno y sus socios dicen que va a obrar la norma, la pregunta es por qué no fue lo primero que hicieron. Nada más llegar. Habría sido lo suyo, de dar crédito. Pero la tardanza en ponerse de acuerdo hasta puede resultarles ventajosa. Se aseguran de que la realidad no les fastidie el anuncio. Al menos, durante la campaña electoral más inmediata.

Cuando Sánchez aceptó ceder a las exigencias de sus socios a fin de aprobar la ley, pensaría con alivio en ese plazo confortable durante el cual la norma proyectará esperanza y no tendrá que rendir cuentas, porque estará en ese limbo político en el que sólo cuentan las intenciones y no los resultados. Mientras se juzgue por las intenciones y los empíricos no den la lata con los resultados, no habrá peligro serio. Y como es urgente sacar conejos de la chistera, adelante, que salga la ley y que salga como sea. Todo lo cual está muy bien pensado, salvo porque también pensaron lo mismo cuando aprobaron la ley del sólo sí es sí. La aprobaron de la misma forma: como sea. Y los efectos imprevistos o simplemente desastrosos no tardaron en aparecer, y ahí siguen y seguirán.

Lo único que va a salvar a esta ley de salir achicharrada de la prueba de la realidad es que tiene un limitador de estragos del que carecía la de Montero, Irene y sus amigas. Porque en materia de vivienda han de intervenir, es su competencia, las comunidades autónomas. Serán las autonomías, las que así lo decidan, las que pondrán barreras para impedir que la ley traiga consigo a esos visitantes no deseados, que son los efectos imprevistos. Aunque no podrán evitar el despliegue de todos los malos efectos. De momento, Sánchez y sus socios sólo tienen ánimo para la celebración. Veremos cuánto les dura la fiesta.

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