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Jaime de Berenguer

Indefensión aprendida

Es pura guerra psicológica, una estrategia de dominación social contra la que ya vamos tarde para zafarnos de ella.

Es pura guerra psicológica, una estrategia de dominación social contra la que ya vamos tarde para zafarnos de ella.
Pedro Sánchez. | EFE

Una de las máximas del gobierno de Pedro Sánchez para mantenerse en el gobierno es trasladar a los españoles un poder absoluto, arbitrario, inescapable e incontrolable. Una parte importante de su estrategia pasa por que los españoles asumamos como cierto que Pedro Sánchez, pase lo que pase y haga lo que haga, por muy antidemocrático, caciquil y traidor que sea, es inevitable.

Está empeñado en hacernos caer en un proceso que en Psicología se denomina indefensión aprendida, es decir, que las personas interpretemos que lo que nos pasa es externo e incontrolable, de manera que ante tal situación bajemos los brazos, nos comportemos pasivamente y aceptemos como bueno el destino que nos depare el sátrapa. Es guerra psicológica que busca la desmoralización del contrario, que digamos que a pesar de todo Pedro Sánchez va a ganar, o al menos pensemos que lo puede conseguir.

Como digo, para conseguirlo trata de trasmitir poder, un poder de dos vías, el poder fatuo, eminentemente estético, y un poder taimado, autoritario, arbitrario, donde lo que haga y diga Pedro Sánchez esté por encima de los demás, y cuando digo los demás, digo también lo demás, es decir, la separación de poderes, la constitución, las leyes, el control político, parlamentario o de la opinión pública.

Así se explican muchas de las cosas incomprensibles que están pasando en España, que nada tienen que ver con la casualidad sino con un plan premeditado para desmoralizar y atemorizar a la sociedad española.

Ese poder tiene una parte visual, fatua, repleta de prosopopeya, característico de todo autoritarismo y que se adapta como un guante a la personalidad de Pedro Sánchez que tan lúcidamente explica Rosa Díez en su reciente libro Caudillo Sánchez: en el lugar de la historia que le corresponde. El uso desmedido, innecesario y particular del Falcon, la interminable comitiva de coches que le acompañan allí donde va, más propia de un Presidente de los Estados Unidos, China o Rusia (que precisamente lo hacen para mostrar poder y a los que pretende imitar), la pose de estadista que trata de trasmitir en sus vacuas ruedas de prensa (recuerden las de la pandemia), o los vídeos de los ministros esperando en Moncloa para aplaudirle a su entrada como preclaro líder, están todas dirigidas a ensalzar esa percepción de poder. ¿Quién ha podido olvidar esas fotos con gafas de sol dentro del Falcon mientras despachaba y sacaba la quijada para dar mayor impresión de fuerza? Llamo su atención para todo lo que nos tiene preparado a este respecto con la Presidencia de turno de España (que no de él) de la Unión Europea, a ver si alguien hace una tesis doctoral al respecto, va a ser espectacular, espectacular de espectáculo me refiero.

Pero aparte del poder fatuo, Pedro Sánchez practica también un poder dañino e insidioso que atenta contra los españoles y corrompe la democracia. El poder taimado de la violencia institucional, tanto por comisión como por omisión, perpetrado a través de la justicia, ya sea lanzando a la fiscalía como ariete contra quien le plazca, ya mediante leyes que atacan derechos fundamentales y cuyo único objeto es amedrentar a todo el país o sortear aquellas normas que le dificulten salirse con la suya. Entre los ejemplos más mediáticos por comisión tenemos los casos de los "gravísimos incidentes de machismo" en una residencia de estudiantes que resultaron ser una tradición entre dos residencias de estudiantes, una de mujeres y otra de hombres, o las "terribles burlas" a una candidata de Podemos del programa de televisión El Hormiguero que apenas llegan a la categoría de anécdota si las comparamos con las que llevan varios lustros propagando los programas de "humor" ese sí, de La Sexta (me acuerdo ahora de Rita Barberá). Pues bien, allí lanzó Sanchez a la fiscalía para perseguir unos "espantosos delitos" que no existían, con el único objeto de crear alarma social, pura indignación impostada del Gobierno y los partidos que le apoyan, para manipularnos a todos y crear un clima colectivo favorable a sus intereses ideológicos (no debemos olvidar nunca cómo han utilizado el feminismo y la política de género en este aspecto). Poco le importó al Gobierno destrozar la vida a un chaval inocente de delito y cuyo apaleamiento público ha conllevado que el joven, después de salir exonerado por la justicia, abandone la carrera en Madrid y se haya vuelto a su tierra natal con su familia.

Lo mismo pasó con algunas empresas a las que se señaló y amenazó con represalias judiciales desde el Gobierno y la tribuna del Congreso, caso de la empresa Ferrovial, cuyo único delito fue querer cambiar el domicilio de su sede social dentro de la UE, o la empresa Desokupa, a la que la ministra Belarra avisó que haría una ley específicamente contra ella y que luego ha ampliado también a los medios de comunicación. Qué vamos a decir de la toma del Tribunal Constitucional para que sancione todas sus tropelías (se nos viene encima la justificación de un referéndum de independencia, me temo).

Igualmente grave es el miedo y la arbitrariedad que Sánchez pretende trasmitir a la sociedad a través de la omisión, no cumpliendo o incumpliendo groseramente la ley, como en el caso de la okupación (en muchos controlados por mafias organizadas) que lejos de tener una función social, como dicen desde el Gobierno, la utilizan para atemorizar a los propietarios y comunidades de vecinos, mandan un mensaje de aviso colectivo. Porque no nos equivoquemos, al igual que con otras leyes, detrás de la okupación, lo que realmente hay es una estrategia para trasladar a la opinión pública que hacen lo que quieren porque son poderosos, que se pasan la propiedad privada (o lo que sea) por el forro de sus caprichos y que, además, en el caso de la okupación, los chorizos, no solo se van a quedar en tú casa, es que, además, les vas a pagar la luz y el agua, ¿por qué? Porque lo dice Sánchez y punto, quieren que creas que es imposible resistirse a ellos y lo mejor que puedes hacer, la única solución, es rendirse, unirse a ellos o huir.

Es la misma estrategia que están utilizando cuando toman el poder de las instituciones, manipulan el CIS, cambian la dirección del INE porque no les gustan los datos que publican o Sánchez coloca a un amiguete a dirigir Correos. Y mientras tanto, mientras un escándalo tapa al siguiente y los españoles ya no tienen tiempo para asimilarlo, en el Congreso de los Diputados, desde la arbitrariedad más absoluta de su presidencia, expulsan a diputados mientras intervienen porque no les gusta lo que dicen, defienden terroristas y golpistas para luego hacer de ellos sus socios, señalan y atacan públicamente desde la tribuna a un ciudadano privado sin delitos por ser hermano de un rival político (Ayuso) o se ríen sin dimitir o ser cesados cuando hay un escándalo de un ministro y aprueban sin inmutarse una ley atroz como la del solo sí es sí mientras los pederastas y violadores salen a la calle y sus víctimas observan impotentes. Una mayoría minoritaria lamina a una minoría mayoritaria, no han aprendido nada de la historia reciente de España.

¿Qué herramienta más potente para mostrar impunidad y poder que mantener a un ministro quemado hasta las cejas o incumplir las leyes sin consecuencias?¿Qué mayor muestra de ser intocable que someter al poder judicial y poner las instituciones a su servicio?¿Qué mejor despliegue de control y suficiencia que desoír las quejas de la opinión pública y trasladar a los españoles una absoluta falta de capacidad para controlar las arbitrariedades y corruptelas del gobierno que la indiferencia?¿Qué mayor amenaza y llamada al miedo que la de hacer ver a las empresas que pueden destruirlas a golpe de decreto ley en un momento?

No caigamos en la ingenuidad, esto tan solo son algunos ejemplos, la realidad es mucho más grave. Tras todo esto hay mucho más, en ningún caso estupidez o incapacidad, muy al contrario, hay frialdad y cinismo perfectamente premeditado para crear indefensión a través de la impunidad arbitraria y el miedo. Es pura guerra psicológica, una estrategia de dominación social contra la que ya vamos tarde para zafarnos de ella.

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