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Pablo Planas

Cataluña, ¿una minoría nacional?

Que pierdan toda esperanza quienes creen posible una repetición electoral.

Que pierdan toda esperanza quienes creen posible una repetición electoral.
El expresidente catalán Carles Puigdemont (2d) junto con los eurodiputados catalanes Antoni Comin (2i) y Clara Ponsati (d) y el abogado Gonzalo Boye (i). | EFE

Las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez evolucionan adecuadamente. No otra cosa se puede esperar de unos contactos que según las informaciones periodísticas han permitido al abogado de Carles Puigdemont intercambiar criterios sobre la amnistía con el presidente del Tribunal Constitucional. Nadie podía imaginar que seis años después de la fuga del expresidente de la Generalidad la situación política fuera a mejorar tanto como para permitir que un condenado a 14 años de cárcel por colaborar con ETA, que ese es el caso del letrado principal de Puigdemont, negociara directamente con Cándido Conde-Pumpido.

Mientras Gonzalo Boye, el abogado en cuestión, también procesado por blanqueo de capitales del narco Miñanco, habla con Conde-Pumpido, políticos socialistas e independentistas arbitran imaginativas soluciones para la resolución del "conflicto". Una de ellas recién trascendida es considerar Cataluña como una "minoría nacional". La información, de La Vanguardia, no deja claro qué sería una "minoría nacional", si la región en sí o sus habitantes. Tampoco precisa si todos los habitantes o solo los que, un suponer, tengan los cuatro, cinco o seis primeros apellidos de origen catalán, tipo Pich, Pon, Pujol, Puig y Poch. Nada se aclara sobre si vale como miembro de la minoría nacional un García Pijoan o debe ser Pijoan García. La noticia del domingo deja muchas dudas.

Pero lo de "minoría nacional" suena bien. De hecho, a un nacionalista catalán le parece generalmente estupendo todo lo que sea nacional catalán. Claro que si lo catalán es una minoría, no se podría imponer un referéndum de autodeterminación. Si acaso se podría negociar la reserva de plazas para los miembros de esa minoría en los desempeños públicos. O la gestión de los estancos, igual que en algunas zonas de los Estados Unidos son los descendientes de los nativos americanos (los pieles rojas) quienes explotan los casinos y los despachos de agua de fuego.

La negociación de la investidura tiene, pues, una pinta genial. Amnistía para todos los golpistas, una minoría nacional indefinida, el ínclito Boye echando las tardes con el no menos ínclito Conde-Pumpido y Puigdemont esperando una llamada de Sánchez de "presidente a presidente". Que pierdan toda esperanza quienes creen posible una repetición electoral.

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