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Pedro de Tena

El muro de Sánchez y la puerta abierta de Milei

Argentina ya ha empezado a ser grande de nuevo. Nos ha demostrado que la batalla cultural puede y debe darse porque es moral y es eficaz.

Argentina ya ha empezado a ser grande de nuevo. Nos ha demostrado que la batalla cultural puede y debe darse porque es moral y es eficaz.
Javier Milei. | EFE

"En este debate, señorías, estamos eligiendo algo muy importante: o bien alzamos un muro ante estos ataques recurrentes a los ¡¡¡¡valores de la España democrática y constitucional!!!!, o bien le damos salvoconducto", dijo textualmente el farsante Pedro Sánchez. Las exclamativas son mías, claro, porque el que los ataca es él mismo con la mentira descarada de por medio. Hacer posible que quienes se dicen, y se precian de ser, exterroristas y exgolpistas gobiernen en España o en sus instituciones, tras ser blanqueados y amnistiados, es lo contrario de toda democracia y toda Constitución. Pero al fullero, ¿qué más le da?

Que los jueces en España no tengan ni independencia institucional ni de conciencia es lo contrario a una democracia cabal. Pero al trilero, ¿qué le importa? Que los separatistas, comunistas o racistas sociales y culturales cuando menos, decidan que los demás españoles tenemos que ser inferiores a ellos porque se proclaman superiores, es lo más antidemocrático y anticonstitucional que puede imaginarse. Pero al felón, le importa una higa España y el resto de España, su historia, sus libertades y su porvenir. España, para este villano, son sus votantes del PSOE, sobre todo los catalanes y los vascos; los comunistas de esas regiones y los separatistas de todo pelaje, sea el de la derecha beata o del marxismo matón.

De ahí su referencia, desgraciada para quién la colocó en su discurso, a un muro. En un relato de ese nombre, el mezquino Sartre atribuye sólo a los "nacionales" de nuestra Guerra Civil arrestar sólo "a quienes no piensan como ellos". Se le olvidó decir que los "frentepopulistas" asesinaron a decenas de miles que no pensaban como ellos en tribunales populares sin juicio ni defensa. Jueces, ¿para qué?

España se dividía en dos, hunos y hotros, hasta la Constitución de 1978 que nos devolvió a todos el ser ciudadanos españoles con los mismos derechos, deberes, libertades y oportunidades. Ahora, otra vez, gracias a los infames Zapatero y Sánchez, vuelven a mandar en España, sin ganar las elecciones y con su vergonzoso trapicheo frentepopulista, los que no quieren igualdad sino un muro entre españoles. Para estos devotos del guerracivilismo, los que defendimos muy mal, por cierto, y seguimos defendiendo, no muy eficientemente, la democracia y la Constitución, somos los hotros y debemos ser concentrados en otro Muro de las Lamentaciones.

Muchos creen que es una novedad eso de un muro en boca de un social-comunista. No, no lo es. Recuerden el muro de Berlín. Se construye para que los propios no vean, no oigan, no sepan lo que en realidad sucede. Que no se pueda comparar ni saber. Así el de Cuba, el ahora de Ucrania, el de Corea del Norte, los de China y los que se erigen hoy en Ecuador, en Chile, en Nicaragua, Argentina hasta hace unos días… Da igual su material de construcción, la lucha de clases, el sexo, el indigenismo, la ecología, el libro sagrado, Bolívar, el ¿colonialismo? Sí, da igual. Lo esencial es levantar el muro que reviente la democracia y la convivencia entre los ciudadanos de un país o muchos países a un tiempo.

Sobre el muro, estarán mandando y vigilando los que no creen en la democracia, los del tiro en la nuca, los de la exclusión del español, los adoctrinadores, los desigualadores de rentas, pensiones, subsidios, ayudas, leyes, los perseguidores de jueces y de guardias civiles, los ladrones del Estado… Al otro lado del muro, estaremos confinados los desigualados, lo que quedamos de España, regiones completas, muchísimas capitales de provincia, la mayoría, los que no piensan como ellos, la oposición liberal, conservadora e incluso la socialista de buena voluntad.

En estas estábamos cuando llegó la noticia de la victoria de Javier Milei en Argentina que le ha birlado el Sí se puede a los malversadores podemitas kichnerianos, a los paleoperonistas maltratadores de la patria o a los baladrones del montón sindicalista podrido. Hasta este muro de España ha llegado el aire fresco de una libertad que cruzó el Atlántico en un santiamén. Y nada más llegar, los sanchistas del Muro se han puesto a rugir contra ese león: que si ultraderecha, que si neoliberal, que si proisraelita, que si tragedia, que Dios ampare a Argentina, que si patatín o patatán mientras los miserables huyen de sus funciones de gobierno.

Lo malo no es que haya un 40 por ciento de argentinos pobres, un 10 por ciento sumido en la indigencia, un 140 por ciento de inflación interanual, unos ladrones familiares condenados gobernando e, incluso que "uno de cada dos menores de 14 años vive en un hogar con ingresos insuficientes para comprar bienes básicos como alimentos y ropa y afrontar gastos vinculados a vivienda, transporte, educación y salud"(El País, oigan). No, no. Lo peor de todo es que ha ganado Milei y la luz se va a hacer en todas sus cuevas de Ali Babá.

Pues Argentina ya ha empezado a ser grande de nuevo. Nos ha dado un ejemplo. Nos ha demostrado que la batalla cultural puede y debe darse porque es moral y es eficaz. Nos ha devuelto la esperanza. Si Milei está a la altura de sus ideas y objetivos, los españoles tenemos salvación. Como ha subrayado Santiago Navajas en esta columnata, la gran lección es que hay que unirse contra el sanchi-comunismo, contra el terro o beato nazi-separatismo y contra la mentira, la arbitrariedad, la tiranía y el cinismo.

Al nuevo estilo argentino. Con una sola marca electoral y con ganas de hacer una España inmensa, ni rota ni roja.

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