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Cristina Losada

Podemos, un cadáver letal

Por su historial, no hay que esperar heroicidades. Son más de soltar bravatas que de arriesgarse a la intemperie.

Por su historial, no hay que esperar heroicidades. Son más de soltar bravatas que de arriesgarse a la intemperie.
Ione Belarra | Europa Press

Los asaltantes de cielos han reaccionado, al fin, con algo más que bravuconadas al intento de sepultarlos en fosa común, sin una mísera lápida con su nombre. Rompen con el grupo parlamentario de Sumar para seguir su aventura hasta la desventura final. No podrán ser otra cosa que cadáveres políticos, pero serán cadáveres andantes. La sepultura se aplaza. Aceptaron vetos y ninguneos sin hacer otra cosa que declaraciones indignadas, porque la osadía de presentarse por su cuenta y romper la suma de la izquierda reportaba menos que plegarse y esperar la oportunidad. Con cinco empotrados en el Congreso, recalcularon los costes del divorcio y visto que salían a ganar, andando se han ido de Sumar al Mixto, un tipo de viaje que, en otra vida, ellos mismos reputaban de transfuguismo. Pero el transfuguismo es siempre lo que hacen otros, como todo lo demás.

La primera consecuencia de esta ruptura es el fracaso del proyecto Sumar como liquidador del socio incómodo de Sánchez, que por eso y para eso lo bendijeron los socialistas, y hasta el Papa, por quien Yolanda siente devoción. Bien es verdad que la suma ya había conseguido su propósito, que era servir de coche escoba y hacer posible un nuevo Gobierno de coalición. Cierto también que el cadáver se encuentra en estado de avanzada descomposición. Pero cinco votos en el Congreso, incluso alguno menos, representan ahora mismo la frontera entre una mayoría parlamentaria improbable y una mayoría parlamentaria imposible. El alivio con el que se ha acogido la promesa de los tránsfugas de dar "estabilidad" responde a esa circunstancia luctuosa, aunque la promesa es tan de fiar como las de Sánchez.

El cadáver podemita tiene, con sus cinco escaños, un arma potencialmente letal. Letal para sus antiguos socios y para los más recientes y más aborrecidos, y letal para el Gobierno, siempre que quisiera usarla. Toda la fuerza política de Podemos se concentra, a partir de ahora, en la amenaza de pulsar el botón nuclear. Y su fuerza, con lo que fue, se ha reducido a esa amenaza. Podrán unir fuerzas letales con Bildu, con quien tanto comparten. Pero la cuestión es si resultará creíble la amenaza. Por su historial, no hay que esperar heroicidades. Son más de soltar bravatas que de arriesgarse a la intemperie. Claro que no hay que subestimar el deseo de venganza. Ganas no faltarán a los vetados de hacer uso de su poder de veto. Si van más allá de la retórica inflamada, será por eso.

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