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EDITORIAL

Un ciclón llamado Sánchez

Lo que explica este retroceso brutal de las siglas socialistas en Galicia es su entreguismo a las tesis separatistas.

El batacazo del PSOE en las elecciones gallegas ha sido tan descomunal que resulta ridículo pretender que todo obedece a causas internas de la política gallega, como tratan de hacer el Gobierno y sus terminales mediáticas. El sanchismo busca eludir sus responsabilidades afirmando que la amnistía a los golpistas catalanes y la humillación constante del Gobierno a manos de sus aliados radicales son factores que no han tenido relevancia a la hora de decidir el voto el pasado domingo. La realidad, como siempre ocurre con Sánchez, es justamente la contraria.

No hay factor novedoso en la política interna de Galicia que pueda explicar un desplome tan importante como el del PSG este pasado domingo. Los socialistas han perdido 5 diputados, un desplome que se agudiza en feudos socialistas como la ciudad de Vigo, donde un 12% de los votantes tradicionales del imbatible Abel Caballero le han dado la espalda al PSOE para pasarse en masa al PP, que gana 10.000 votos respecto a las autonómicas de hace cuatro años. No hay que ser un gran experto en sociología para intuir que detrás de esa decisión hay motivos que van más allá de la manera en que se gestiona diariamente esa ciudad o la comunidad gallega en su conjunto, como sostienen el sanchismo y sus alabarderos.

Lo que explica este retroceso brutal de las siglas socialistas en Galicia es su entreguismo a las tesis separatistas, que el PSOE ha integrado con normalidad en su política cotidiana desde que Sánchez está en el poder. De ahí ese trasvase de votos al BNG, la formación independentista local, que los socialistas convirtieron en el buque insignia de la izquierda para acabar con la hegemonía del Partido Popular. De ahí también el resultado cochambroso de Sumar, el otro integrante de la coalición gubernamental, que ha cosechado un resultado ridículo, quedando fuera del parlamento gallego. Los votantes del partido de Sánchez han sido consecuentes con su mensaje y, en efecto, han entregado su voto al partido separatista que concurría a las elecciones, consolidándolo como segunda fuerza política a costa de un PSOE que se desploma a niveles nunca vistos en la comunidad gallega desde la Transición.

Lo grave para el PSOE es que este varapalo llega después de unas autonómicas y municipales en las que los socialistas ya sufrieron una dura derrota en términos de poder territorial. Lo ha visto muy bien Emiliano García-Page, que se ha referido a la existencia de un ciclo "muy hostil", que debería provocar "una reflexión profunda" para que no acabe convirtiéndose en un "ciclón electoral" como el que pudo llevarle a él mismo a la oposición hace menos de un año.

Mal lo tiene el presidente castellano-manchego y el resto de barones que tratan de sobrevivir al sanchismo preservando sus cuotas de poder local, porque Sánchez ha puesto al PSOE a su servicio y va a seguir entregando privilegios a las minorías separatistas aunque ello provoque la destrucción de su partido, como ya está ocurriendo en comunidades y ayuntamientos tradicionalmente socialistas. El ciclón Sánchez amenaza con arrasarlo todo y dejar al Partido Socialista en España como su homólogo en Francia, cada vez más cerca de la desaparición. Los socialistas gallegos han empezado a verlo ya.

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