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EDITORIAL

Ataques contra los judíos y responsabilidades políticas

Que en este contexto el Gobierno mantenga una política contra Israel que merece el aplauso de los terroristas de Hamás refuerza a quienes amenazan a la comunidad judía española.

Los mensajes de la izquierda contra los judíos y contra el derecho de Israel de defenderse de los terroristas de Hamás están causando una oleada de graves ataques antisemitas en Occidente. El odio de los jóvenes universitarios de los Estados Unidos y de media Europa sólo se explica por la difusión en los campus de una doctrina que no tiene nada que envidiar a las que sustentó la persecución nazi contra los judíos y el Holocausto.

El intento de quemar la sinagoga de Ruen, en Francia, o el tiroteo cerca de la embajada de Israel en Suecia son la consecuencia de los discursos en contra de la reacción defensiva de Israel. Y no se trata de incidentes aislados. En Barcelona se han llegado a señalar establecimientos hoteleros por la sospecha de estar participados por capital israelí. Se han pintado frases insultantes y amenazas en la fachada de la principal sinagoga de la ciudad y las autoridades políticas se han desentendido por completo de la seguridad de los miembros de la comunidad judía. Eso está ocurriendo en muchas ciudades de Europa en una siniestra repetición de la historia.

En el fragor de la manipulación y la propaganda, los ataques terroristas sufridos por la población israelí el 7 de octubre, los asesinatos de bebés, la violencia sexual contra menores y mujeres, el ametrallamiento de familias enteras, las salvajes torturas y mutilaciones sufridas por cientos de personas y los secuestros no existen del mismo modo que hay quienes niegan el Holocausto. Se ocultan los atroces crímenes de Hamás para presentar las respuesta de Israel como una expresión del mal absoluto frente a una población indefensa.

Pero la historia no es esa. Naciones Unidas ha dejado de dar las cifras de víctimas que le proporciona Hamás porque son directamente falsas. Y es esa organización terrorista el principal enemigo de los palestinos, entre otras razones porque sus mandos trafican con la ayuda humanitaria occidental y se enriquecen con la "solidaridad" procedente de organizaciones que no contribuyen a la paz sino al sostenimiento de una estructura criminal.

Que en este contexto el Gobierno de Pedro Sánchez mantenga una política contra Israel que merece el aplauso de los miserables terroristas de Hamás es una indecencia que refuerza a quienes amenazan a la comunidad judía española, a quienes señalan y desprecian a sus miembros, a quienes abogan por romper todo vínculo con Israel y a boicotear los negocios de los judíos en lo que no es más que una actualización de la mayor tragedia del siglo XX junto a las matanzas de masas del comunismo. Las declaraciones de Sánchez y del ministro de Exteriores Albares no sólo merecen el reproche de Israel, la única democracia de Oriente Medio, sino que deberían ser reprobadas con firmeza por la oposición. No se está poniendo en cuestión la política militar de Netanyahu sino la existencia misma de los judíos mientras millones de jóvenes universitarios totalmente ignorantes reproducen los gestos y actitudes que dieron pie al intento de exterminio.

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