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Pablo Planas

La "reconciliación" de desobedecer al TC

No necesitaban esos dos votos para asaltar el órgano rector de la cámara autonómica, pero no se trataba de eso sino de demostrar que el espíritu del 'procés' está más vivo que nunca.

No necesitaban esos dos votos para asaltar el órgano rector de la cámara autonómica, pero no se trataba de eso sino de demostrar que el espíritu del 'procés' está más vivo que nunca.
Josep Rull. | EFE

Una de las primeras consecuencias de la aprobación en el Congreso de los Diputados de la ley de amnistía es que la mesa de edad del parlamento catalán, en manos de Junts y ERC, ha decidido pasarse por debajo del arco del triunfo la resolución del Tribunal Constitucional hecha pública la semana pasada y mediante la que se impide la delegación de voto de los diputados prófugos de la Justicia. Los grupos independentistas no necesitaban el voto de Lluís Puig y Carles Puigdemont para asaltar el órgano rector de la cámara autonómica, pero no se trataba de eso sino de demostrar que el espíritu del procés está más vivo que nunca.

Resulta que la reconciliación, el reencuentro y la repera como consecuencia de la amnistía consiste en que los amnistiados vuelven a incurrir en un delito a las primeras de cambio, en este caso desobedecer al Tribunal Constitucional haciendo alarde y ostentación de ello, con chulería, recreándose en el desplante. El fallo del Constitucional era el resultado de un recurso presentado en la pasada legislatura por el PSC en contra de la delegación de voto del exconsejero de Cultura fugado Lluís Puig. Pero el partido socialista ha evitado pronunciarse en la sesión de este lunes sobre la desobediencia de Junts, socios en Madrid de Pedro Sánchez, imprescindibles para su continuidad en la Moncloa. Sólo el PP y Vox han anunciado que recurrirán ante la enésima tropelía cometida en el Parlament, convertido desde mediados de la pasada década en una especie de circo donde no rigen las más elementales normas del parlamentarismo democrático.

El nuevo presidente de la cámara, el expresidiario Josep Rull, fue condenado por el Tribunal Supremo por su participación en la asonada separatista del 7. Rull, en calidad de responsable autonómico de los puertos catalanes, pretendía impedir el atraque de los barcos que alojaban a los policías y guardias civiles que sofocaron el golpe. Sus contribuciones a la causa separatista y en contra de España, los españoles, la libertad y la democracia son tantas que hasta sonaba como recambio de Puigdemont para optar a la presidencia de la Generalidad. Como presidente del Parlament, Rull debe evacuar consultas con los grupos y decidir a quién propone que se someta a la investidura, si Illa o su jefe Puigdemont.

En su primer discurso ya ha dado señales de por donde puede transcurrir una legislatura que se aventura efímera. Rull es un nacionalista de piedra picada con el punto supremacista de aquellos jóvenes convergentes que recibieron el expresivo apelativo de "talibanes". Ahí estaba lo mejor de cada casa, de Rull a Turull pasando por Tururull y Oriol Pujol.

Por lo demás, todo son incógnitas. Dos de ellas, de fuste. ¿Se atreverá Puigdemont a volver cuando se publique la amnistía en el BOE? ¿Ordenarán los jueces su arresto? Todo pasa por el vecino de Waterloo.

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