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Pablo Molina

Singularidades de la España plural

Cuando se institucionalizó el "café para todos", nadie explicó que unas regiones tomarían café de tueste natural y el resto aguachirle de achicoria.

Cuando se institucionalizó el "café para todos", nadie explicó que unas regiones tomarían café de tueste natural y el resto aguachirle de achicoria.
Joan Tardá charla con diputados del PNV | EFE

Cuando en la Transición se institucionalizó el "café para todos" del Título VIII de la Constitución, nadie explicó que unas regiones tomarían café de tueste natural y el resto aguachirle de achicoria, pero es en lo que estamos ahora mismo. Cataluña, la región más corrupta de Europa, como es bien sabido, va a disponer de una financiación a la carta acordada con la gente de Sánchez de manera bilateral a cambio del apoyo de los diputados separatistas al Gobierno. Con un acuerdo así ¿Quién necesita un cupo?

El sistema de cupo vasco y el régimen foral de Navarra son dos anomalías sujetas con alfileres al tejido de la Historia, porque tan histórico es que en su día gozaron de fueros como que más tarde los perdieron, también por el devenir histórico. Si a eso vamos, hay regiones que fueron reinos y nadie ha reclamado allí un trato más ventajoso que el dispensado a otras que solo llegaron a ser un puñado de condados mal avenidos, dicho sea sin ánimo de señalar.

Sánchez traslada sus urgencias políticas a todos los españoles para que le paguemos el cheque, pero lo que está tramando con personajes como Puigdemont y Marta Rovira, dos delincuentes en busca y captura, resulta excesivo incluso para gente como él.

La palabra clave ahora es singularidad, lo que resulta chocante dado que los políticos de todos los partidos han establecido como un dogma, superior incluso a la Constitución, el hecho de que estamos ante una España plural. La izquierda, además, contrapone esa pluralidad a la unidad de la Nación española, un bien fundamental sin el cual no puede existir todo lo demás. Pues bien, ahora que éramos todos tan plurales resulta que hay que dar un trato singular, pero solo a Cataluña. Los socialistas dicen, de hecho, que tratar a todas las regiones por igual es injusto, un mensaje muy apropiado para sus votantes de la España atrasada, a los que la izquierda pretende hacer pagar los despilfarros de la clase política catalana, la más racista y desvergonzada del continente europeo con toda seguridad.

Lo peor es que esto no parece que vaya a tener un arreglo a corto-medio plazo. No olvidemos que el PP también es partidario de otorgar determinadas ventajas al Gobierno catalán, porque igual en unos meses Feijóo necesita los votos del separatismo moderado (oxímoron especialmente tonto al que se recurre con toda naturalidad) para poder gobernar.

Solo una reforma del régimen electoral para que los partidos localistas tengan la representación que les corresponde en el ámbito nacional podría evitar estos trances tan ofensivos, pero esa es otra revolución pendiente, como la de la despolitización de la Justicia, algo que los grandes partidos solo reclaman cuando están en la oposición. Por algo será.

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