
En veinticuatro años, pronto veinticinco, la guerra declarada el 11S de 2001 por el Islam a Occidente, cuyo símbolo imborrable son los aviones estrellándose contra las Torres Gemelas, ha desembocado en una especie de reivindicación del islam en Nueva York. El nuevo alcalde Zohran Mamdani, cuyo programa es idéntico al de Yolanda Díaz, no ha sido votado a pesar de ser musulmán, religión en cuyo nombre se hizo el brutal ataque a América, sino, como bien señala Cristina Losada, porque lo es. Y es que ser musulmán se ha convertido en un mérito para la izquierda norteamericana, que ha pasado de quemar sujetadores a exhibir los hiyabs, por la victoria de un político cuya religión impone la discriminación radical de las mujeres, seres de pecado que ellas mismas, conscientes de su impureza, deben velar a los hombres.
Masivo voto joven femenino
Para mayor paradoja, son las mujeres jóvenes las que han votado de forma masiva, el 80 %, a un candidato socialista y musulmán, sin la menor experiencia de gestión, para la alcaldía de Nueva York, y de creer lo que ha dicho el propio Mamdani y sus más fervorosas defensoras, ha sido un voto contra la "criminalización del islamismo y de los musulmanes" que marca la política norteamericana y mundial desde el 11S, la guerra de Afganistán y las de Irak. Diríase que la vergonzosa retirada de Kabul en la presidencia de Biden ha tenido un gran respaldo en una ciudad de tradición demócrata. Pero resulta que el derrotado es el también demócrata Cuomo, luego no ha sido aplastado el republicanismo asociado a Trump, sino el ala moderada del partido que rechaza el radicalismo que domina el partido, y que le ha llevado a la debacle electoral de Kamala y al segundo mandato de Trump.
Alguien podría pensar que esa deriva izquierdista, más allá del caso neoyorquino, obedece al contacto de las masas musulmanas y cristianas o ex-cristianas, como sucede en Francia, y que de ese contacto diario ha emergido una izquierda que ve posible y hasta deseable una coexistencia en los términos que, de hecho, está ya imponiendo el islamismo en la vida cotidiana, desde el velo islámico a la comida halal. Pero más allá de los aspectos supuestamente superficiales, que no lo son, está la discriminación de las mujeres en todos los ámbitos, del familiar al laboral, la separación de chicos y chicas en la escuela y la discriminación legal en las zonas en que domina el islamismo, la llamada media sharía. Nada de esto inquieta a las votantes de Mamdani, que niegan ese peligro. Es más, parecen desearlo.
El sentimentalismo de izquierdas
Los demóscopos advierten en España de un movimiento claro de las mujeres jóvenes hacia la izquierda, mientras los hombres jóvenes van en la dirección contraria, hacia la derecha radical de Vox, que, sin embargo, está considerado por las mujeres como un partido contrario a sus intereses. ¿Estamos ante una lucha de sexos en clave electoral, unos hombres jóvenes hartos del feminismo castrador oficialista que lo impugnan sin paliativos, y unas mujeres jóvenes aferradas a los privilegios de la ideología de género?
Desde luego, es lo que parece a primera vista. Y observando las convulsiones políticas en todos los países occidentales, singularmente europeos, que se desarrollan a toda velocidad, diríase que una de las claves ante la crisis de las sociedades occidentales salidas de la II Guerra Mundial es la distinta respuesta que, ante la emigración ilegal y el islamismo, los dos grandes problemas, dan hombres y mujeres, y según sean sus edades. Generalizando, cabría decir que las mujeres jóvenes parecen más inclinadas que sus madres a aceptar la hegemonía woke, con el multiculturalismo y la aceptación del Islam como una religión compatible con la democracia y que no vulnera sus derechos como mujeres, los legales y los cotidianos.
He ahí la paradoja de las jóvenes votantes de Mamdani, que, como toda la extrema izquierda occidental, creen y quieren hacernos creer que el Islam no supone una enmienda a la totalidad de los pregonados derechos de género, que derivan de la lucha de las feministas desde el siglo XIX por la igualdad legal de mujeres y hombres, empezando por el derecho al voto. La conclusión inmediata es que las Ocasio-Cortez y las estrellas de Hollywood que se licúen con el alcalde socialista y musulmán porque es anti-Trump, ven todos sus problemas como fruto del heteropatriarcado occidental, pero no les espanta o no le hacen ascos al heteropatriarcado musulmán, sin duda más represivo para las mujeres desde niñas que el de origen judeocristiano.
Del "Osama mátanos" al borrado de la realidad histórica
Después del 11S, la pintada que, a mi juicio, mejor reflejaba la vocación de suicidio occidental fue ésta, en Galicia: "Osama, mátanos". Pero, en rigor, es lo que está haciendo Europa desde hace décadas, sin que las denuncias de Oriana Fallaci sobre el advenimiento de Eurabia hayan surtido efecto. Mejor dicho, lo han hecho en el ámbito de la derecha, que prácticamente ha jubilado a las familias políticas tradicionales y se ha adentrado en una recomposición del mapa político en términos radicales: con las patrias, las naciones, todo lo que niega el wokismo, o contra ellas en los términos que, como es costumbre, marca la crisis política en Francia.
Pero la izquierda, lejos de rectificar, modular o matizar lo que una parte de la sociedad ve incompatible con su mera existencia, se ha lanzado a negar cualquier evidencia, como el auge de los delitos por la inmigración ilegal y a borrar todo lo que históricamente se presenta como lo que es: un problema de legitimación de ese factor antidemocrático llamado islamismo.
Quedarse en lo superficial, olvidar lo fundamental
Un vídeo de rezo islámico en Times Square se ha hecho viral en los últimos días como primera muestra de la llegada al poder de Mamdani. En realidad, es del año pasado, cuando se hizo un rezo colectivo de distintos cultos como prueba de tolerancia, hermandad y mutua comprensión. Por supuesto, la velocidad a la que se propagó ha sido menor que la que se ha puesto en desmentir que fuera un fruto del triunfo político de un islamista.
Pero entre la torpeza de unos y la astucia de otros, no se debate lo esencial: el Islam es una religión cuyo sagrado proyecto es acabar con las demás, dirigir una sociedad con leyes religiosas por encima de la sociedad civil, cuya autonomía es incompatible con la total sumisión (eso significa Islam) a Alá. También el Dios cristiano aparece en el primer párrafo de la constitución norteamericana, pero es que sólo en las sociedades de origen cristiano se ha desarrollado la separación de Iglesia y Estado, así como la independencia y el equilibrio de poderes, la igualdad de los ciudadanos ante la ley, la independencia judicial, la libertad de conciencia, expresión, reunión y asociación, que están parcial o totalmente prohibidas donde se impone un régimen islámico. Algo que, en la práctica, se está imponiendo en la vida cotidiana de barrios enteros de las grandes ciudades occidentales.
Radicalización islamista, más apoyo izquierdista
Lo asombroso es que la radicalización islamista que empieza el 11S no ha supuesto un rechazo de la izquierda a esa religión, cuyos efectos en la sociedad civil son, en lo que respecta a las mujeres, claramente liberticidas. Al revés, votan a un niñato rico, un pijo del mundo del espectáculo, rapero fracasado y con ideas económicas ridículas porque representa lo contrario de Trump, especialmente, su fe musulmana, o sea, su condición misógina. La esposa del alcalde, otra artista, lució un modelo con sutiles bordados palestinos. Si la alcaldía va mal, que irá, la próxima flotilla a Gaza saldrá del puerto de Manhattan. Mamdani defiende la "Intifada global" contra Israel, "indudablemente genocida". El ministro de la Diáspora ha llamado a los judíos a abandonar Nueva York, donde sufren todo tipo de agresiones, a cuenta de Palestina. Pero el antisemitismo es siempre una prueba de odio a la libertad. Occidente celebra su suicidio bailando como los palestinos el 11S. Sí: veinticuatro años después, pronto veinticinco, triunfa Ben Laden.

