
En primer lugar quiero dejar claro que nada más me gustaría que comerme esta misma columna con patatas el viernes. Que una victoria de orgullo y calidad del Atlético en Sevilla me haga escribir algo reconociendo la capacidad del equipo de volver a ponerse en pie. Pero les soy sincero, solo pienso en victoria rojiblanca ante el Betis si pongo el corazón sobre la mesa. Si pongo la cabeza, no me sale el optimismo por ningún lado. Ni ante el Betis ni ante nadie.
A esto se ha llegado con el actual Atlético de Madrid. Uno pensaría que tras el ridículo de Champions en el que sumas 1 punto de 6 en las dos jornadas que quedaban de liguilla, incluyendo la debacle en casa ante el Bodø, el equipo pondría todo de su parte en Valencia para ganar al Levante. Uno pensaría, por supuesto. Pero nada de nada. Pachanguita al ritmo habitual ante un equipo que pelea por no descender, depresiones y tristezas de los mismos de siempre y a casita con un 0-0 que asustó al mismísimo miedo.
Y aquí estamos otra semanita más hablando exactamente de lo mismo de siempre con el Atlético de Madrid. Bueno no, este año se han superado, porque el curso pasado a estas alturas el conjunto de Simeone aún peleaba por todas las competiciones estando arriba en Liga y habiendo quedado en el Top 8 de la Champions. Hoy en día es aún peor porque la falta de orgullo de ese vestuario provoca que la Liga ya sea una caminata por el desierto dirección al aburrido tercer puesto.
¿Saben lo más curioso de todo? Que me estoy oliendo parte del discurso del Atlético en los próximos meses. Si por obra y gracia de la famosa contundencia los rojiblancos pasan de 1/16 de Champions y llegan a jugarse la Copa en los instantes finales a alguno se le va a ocurrir decir, si la cosa va mal, que el cansancio de la eliminatoria extra de Champions les ha pasado factura. Que son muchos partidos. Y lo dirán con la santa indignidad de haberse ganado ellos el hecho de jugar 180 minutos de más.
Así es el Atlético de Madrid. Bien es cierto que la planificación deportiva ha sido una basura en verano con Bucero y ahora con Mateu, aunque a Mateu Alemany aún hay que darle el beneficio de la duda, primero con Lookman y luego con el resto... si es que viene alguien más. Eso sí, que nadie de esa plantilla venga a cantarme un soneto de excusas sobre los empates en Valencia y Turquía o la derrota ante el Bodø son consecuencia del mercado invernal. No sé al resto, pero a mí y a mucha gente del Atlético ya no se la coláis. Porque lo de no ganar fuera de casa absolutamente a nadie lo llevan haciendo, como mínimo, tres años. Y ahí no se habían ido cuatro jugadores en invierno. Por lo tanto, las trolas y excusas con las que empapeláis el vestuario, al menos aquí, no van a encontrar respaldo.
La única realidad y la que se han ganado a pulso dentro de ese vestuario es decir que el Atlético ni tiene orgullo ni se le espera, porque si esto fuese así tras tropezarse 50 veces en la misma piedra, ya habrían espabilado. ¿Cuántos años llevamos ya con el trauma de los partidos fuera de casa? ¿Cuántos años llevamos ya con los puntos perdidos ante los equipos de abajo? ¿Cuántos años llevamos ya sin victorias contundentes en campos importantes? ¿Cuántos años llevamos ya con 20 córners por partido en los que no se marcan goles? ¿Cuántos años llevamos ya con defensas parcheadas porque el club no se gasta un duro? ¿Cuántos años llevamos ya con discursos de contundencia? ¿Y cuántos años llevamos ya con los mismos jugadores y entrenador saliendo a decir que van a poner soluciones a los problemas? Me consta que les enfada, pero ni tienen orgullo ni se espera que lo tengan. Y si lo tienen, que se vean los resultados.
A todo esto vamos a ver ahora quién habla con Lookman. A ver qué le dicen. Porque como cale pronto el discurso de mediocridad que hay en el club, este chico pasará de ser un buen sucesor de Carrasco a convertirse en Musampa o Gelson Martins. ¿No me creen? Solo hay que ver lo que ha pasado con un delantero que parecía Forlán y lleva una racha que ni Richard Núñez. Recen lo que sepan.
