
Cuentan los medios que Pilar Alegría se ha dado un batacazo en su tierra. Y es verdad que el PSOE ha obtenido un respaldo algo inferior al ya muy escaso que Miguel Ángel Gallardo logró en Extremadura. Una debacle quizá atemperada en Aragón por haber tenido que competir la candidata con partidos regionalistas. Pero, hay una diferencia. Cuando se votó en Cáceres y Badajoz, todavía no había ocurrido el accidente de Adamuz.
Resulta descorazonador que, sabiendo como sabemos todos los españoles que fue la falta de mantenimiento la responsable del fallecimiento de 46 personas, el PSOE haya obtenido más del veinte por ciento de los votos en Aragón. Y lo ha hecho presentando como candidata a la que fue portavoz de ese Gobierno que detrae culposamente dinero de la inversión en infraestructuras para comprar votos. Encima, el PSOE permanece inmóvil ante la evidencia de que Sánchez envía a sus ministros a perder en las elecciones autonómicas para que apenas haya barones territoriales que puedan discutir su liderazgo desde la presidencia de una comunidad, como hace Page. Y con el encargo de, tras perder, controlar al partido para impedir que nadie discuta la jefatura de Sánchez.
Por si fuera poca su culpa en la muerte de los 46 españoles que perdieron la vida a consecuencia de un deficiente estado de las vías, el presidente del Gobierno, que da vergüenza admitir que ése es el cargo que ostenta, acusa al PP de alimentar a Vox. Y lo hace, el muy caradura, siendo él quien estimula el voto a favor de la extrema derecha, para restar apoyos al PP, enardeciendo al votante de derechas para que en muchos casos prefiera la respuesta más enérgica y airada de Abascal. Eso es lo que hizo con la regularización de inmigrantes ilegales, anunciada en la recta final de la campaña aragonesa. Por otra parte, estimular el voto a Vox no es encumbrar a cualquier extrema derecha, sino que es cuasi delictivo porque se trata de un partido financiado por Putin, alguien que en su día alentó el procés para acabar con la unidad de España y debilitar así a la Unión Europea y a la OTAN.
Los socialistas perdonan, no ya la corrupción de la que al menos Sánchez es culpable in eligiendo. También se indignan con el juez Peinado por perseguir "injustamente" a la mujer del presidente, educada por un proxeneta, ignorante enciclopédica, que se atribuye inmerecidamente la condición de catedrática, se apropia de un programa que no es suyo y utiliza los recursos públicos, que pagamos todos, para su actividad profesional privada. Y que, como guinda, se niega a entregar su pasaporte para que no se sepa la cantidad de veces que ha viajado, seguramente a nuestra costa, a República Dominicana a hacer quién sabe qué.
Y ahí siguen los socialistas, bailándole el agua al que todos, incluidos ellos, sabemos que es un inmoral sin conciencia, capaz de dormir, reír, comer y vivir no obstante sus terribles responsabilidades. Las que tiene en su forma de conseguir el poder y conservarlo, comprando votos, vendiendo impunidad a quienes quisieron destruir la unidad de España e imponiendo recortes dolosos en inversiones indispensables que son causa directa de la muerte de 46 españoles. Es incomprensible que la mayoría de la gente del PSOE, con cargo o sin él, siga apoyando a semejante psicópata.
